La niña que más soñó este carnaval

Por: Juan Carlos Herrera

El carnaval de Riohacha vuelve este año 2022 como siempre, haciendo que las personas sientan más a su ciudad. Las masas que atrae buscan muchas cosas, como la alegría, la diversión y el jolgorio, que por estos tiempos es una moda mundial. De paso, cumple el primer gran sueño de la niña Valery Michell Vega Barros.


Se trata de la reina de la categoría infantil, que lleva una corona que la convierte en una de las dos mujeres en estos días más visible para los riohacheros, pues comparte trono con la reina central Karin Arredondo Varela. Su sonrisa es la demostración de que el carnaval no sólo es un espacio para el regocijo, sino una forma también de que se cumplan los sueños.


En realidad, desde que fue entronada, se volvió la niña de doce años más mirada. Tiene una responsabilidad, con la fundación, con el pueblo, con los mayores, a una edad en que los humanos sólo creen en los cuentos de hadas. La razón es que desde los tres años, ya ha dado buena vida a las comparsas.


En cambio, otros apuntan que antes de nacer, ya lo hacía desde la sangre de su bisabuela Rita Pinedo, como la de una famosa abuela que hizo parte de las cumbiambas de Mercedes Quintero. Se trataba de Denis Beatriz Barros, quien una vez fue la mayor representante de las pilanderas. Siendo una mujer alegre, de pollera, dejaba en claro que este carnaval ciento por ciento riohachero, lo era también de su apellido. Por siempre será así, debido al recuerdo que jamás acabará de ella.


En realidad, los Barros Sierra continuamente han venido participando en estos tipos de fiestas, donde el barro hace la misma forma de existencia de los embarradores.


Como pocas fiestas, los embarradores de Riohacha son unas de las manifestaciones, donde el ser humano regresa a su gusto original por la tierra. «Un tío mío vive del carnaval: él es muy carnavalero», subraya la nueva reina.
Aunque a la niña Valery Vega Barros, esta clase de personajes alguna vez le causaban más miedo que entusiasmo carnavalero. No obstante, detrás de esos atuendos y máscaras, cuando se las quitaban, también estaban sus tíos. Es decir, seres humanos que se embarraban con lodo húmedo, para mantener fresca la historia del carnaval.
Sabe lo que significa esto para los riohacheros. Y sin sospecharlo, conocería que del barro nacen las reinas.


Lo que de verdad la hizo soñar con eso, fue cuando años atrás, a su prima Valeria la escogieron como la soberana. En ese entonces, con apenas tres año, ella en todo participó desde la comparsa. «Me sentí alegre», dice, «porque sabía que la estaba apoyando.»


Las comparsas crean un movimiento casi telúrico, que llama la atención de los niños que apenas abren los ojos. Ella las sintió tanto, hasta formar parte de una de ellas. Era un deber con su tierra, y sus ancestros, que los hacen venir al mundo para que repitan por ellos esas cosas.


Mientras tanto, pasaron los años y ella iba creciendo, aunque cuando bailaba samba parecía una persona más grande. Se fue abriendo espacio, metiéndose en el corazón del carnaval, y el carnaval metiéndose en el cuerpo total de ella. A la hora de ser seleccionada para reina, no fue tan difícil, pues para la fundación ya ella era una parte visible desde que se inició en las comparsas. Era el momento de ver la vida fantástica del carnaval, desde un punto más alto.
En cuanto hubo la lectura del bando y se dio su coronación, sabe el compromiso que eso conlleva. Es la primera que ve un espectáculo con una gran multitud, mirándola sólo a ella. Es como estar soñando, sin que tantas luces la despierten. Ante tal situación, le envía un mensaje a todos los niños, diciéndoles que los sueños sí se hacen realidad. Su voz de felicidad lo prueba.


En ese instante, realizaba con encajes el papel que quería: sonreírles a todos los seres humanos, que aparecen ahora más que nunca ante sus ojos.


Asegura que a pesar de que es el momento de ella, anhela que el carnaval de Riohacha con las mascaritas siga mejorando para su propio bien. Que sea tan grande, como su larga historia y cultura con oro lo reclaman.
En vista de eso, le agradece a Zamir Lopesierra, por haberla enseñado en su academia de modelaje Alma Guajira. Le dio una enseñanza, tanto por fuera como por dentro, para que este año fuera la niña más bella.


También envía saludos a la señora Lina Palmezano, excelente preparadora de reinas, la misma que fue instructora de su prima Valeria.


Pero a quienes más agradece es a sus padres, Cristian Eduard Vega Gamez y Alix Katiana Barros Sierra. Sin su madre, nunca hubiera tenido tanta seguridad y confianza, hasta para contestar sin su ayuda esta clase de entrevista.
Aún así, cuando le preguntan si los Barros estarán siempre carnavaleros, es la señora quien responde por ella. «Total. Estas fiestas la verdad que son las que más nos encantan. Y somos carnavaleros, la verdad. Y lo llevamos en la sangre. Lo disfrutamos, con mucha alegría, con mucho respeto, entre nosotros. Hacemos la fiesta, nos enmaicenamos. Nos encanta asistir al pilón de los embarradores. En fin, es una fiesta que gozamos de principio hasta el final».


Ante la pregunta de si la hija menor llamada Alix Sofía Barros Vega, que ahora integra una comparsa, sueña con ser alguna vez reina igual que su hermana, Alix Barros Sierra añade: «También con ganas de ser. Esperemos que Dios le dé la oportunidad».


Ser la reina infantil actual, dice Valery Vega Barros, engrandece el apellido de su familia en ese carnaval. Según explica, familiares como sus tíos Adolfo Luis Barros y Alexander Miguel Barros, están más alegres que ella misma con su reinado, porque tampoco de ese buen sueño dan para despertar.


Por eso afirma que aunque vuelva a nacer le gustaría hacerlo no en Río de Janeiro ni Barranquilla, sino en Riohacha, para representar otra vez al que ella considera el mejor carnaval del mundo.

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