
POR: LUIS ANTONIO GÓMEZ PEÑALVER
De esta manera he decidido rendirle un homenaje a estos valientes que en cada vicisitud demuestran su pasión y sacrificio por el desarrollo de la educación en las zonas rurales, la tan anhelada consecución de la cobertura educativa que conlleva inmensos esfuerzos históricos a ellos los inspira, verlos por fotos y vídeos en redes sociales como atraviesan arroyos en pleno invierno, viajan largos tramos en moto en medio de las dificultades que da nuestra geografía, los ubica como el mayor ejemplo de tenacidad y empuje de nuestra región.
La población indígena Wayuu a lo largo de su historia ha tenido bajos índices en niveles de escolaridad, situación que le ha impedido estar a la vanguardia de la competitividad académica requerida por la cultura occidental, fruto del embate de la globalización económica que a todos nos involucra de forma directa o indirecta.
La participación de estos guerreros en la educación rural es de muchas décadas atrás, su lucha ha sido histórica, continuada e incansable, Pensar en ello me remonta a parte de mi infancia en la zona rural del corregimiento de Wimpeshi, cuando presenciaba como una tía materna quien ejercía la labor de docente a eso de las dos de las tarde, todos los domingos se desplazaba hasta el sector de la zona urbana de Uribia que hoy día es conocido como Aipiamana, en ese lugar mi tía acostumbraba esperar debajo de un arbol de trupillo los camiones 7-50 Ford que iban hacia Venezuela en busca de provisiones para luego venderlas en Uribia y Manaure, dichos automotores la dejarían de paso en su aula satélite a escasos minutos del cerro de la teta.

Esa era la travesía que semanalmente y por más de dos décadas mi tía Elena sostuvo para desarrollar su labor, pero así como ella seguramente fueron cientos de docentes que también tenían la misma tenacidad y valentía para someterse a esos esfuerzos, hoy día parte de lo que ellos realizaron en su noble labor, los etno-educadores actuales de igual forma también lo hacen, verlos partir diariamente o cada fin semana hacia sus zonas de trabajo, costeando de sus salarios los gastos para su transporte, aportando combustible a los vehículos de amigos para poder hacer recorridos en búsqueda de los niños motivando la exigente cobertura que es menester para realizar el proceso pedagógico.
Si alguien me llegaré a preguntar quienes son los agentes que más aportan al desarrollo social de nuestra región seguramente les diría que los etno-educadores, ellos por ser transmisores de conocimiento logran por medio de este llevarle una posibilidad a aquellos que desafortunadamente nacieron en medio de recursos muy escasos la oportunidad de poder cambiar sus vidas a través de la calificación académica y pedagógica.
El tema educativo requiere una visión amplia y ambiciosa para poder generar cambios notorios, la forma en como vemos a muchos niños dar clases bajo árboles, enramadas improvisadas o aulas satélites en pésimo estado nos deprime, sabemos que fijar la infraestructura educativa como eje de política de gobierno es lo más importante en estos momentos, el tema educativo no da espera.
Fuentes oficiales como del Ministerio de Educación Nacional (MEN), el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), el Instituto Colombiano para la Evaluación de la Calidad de la Educación (ICFES), entre otras, evidencian en sus deficientes índices educativos que urge la necesidad de más nombramientos de forma perentoria para docentes etno-educadores como los integrados en el año 2019 por el gobierno nacional en zonas rurales donde estos son requeridos por razones expuestas en este artículo.
Así como se brindan soluciones diversas al asunto del agua, de igual forma se le debe otorgar variedad de soluciones al tema educativo, por ejemplo, pretender que con el transporte escolar se va solventar los requerimientos de la cobertura educativa es un tremendo error, siempre he llevado conmigo la idea que la inversión en infraestructura educativa de los internados, aulas satélites y sedes etno-educativas ayudaría a aumentar su capacidad para que estos puedan recibir más niños de los que hoy albergan, pero sobre todo darles prevalencia aquellos centros de pensamiento que tengan capacidad para internar niños porque con esto el gasto en transporte escolar diario se podría suprimir y ese recurso público poder ser utilizado para otros menesteres dentro del área educativa.
El problema social educativo es de premura porque cada vez se robustece ante la negligencia e impericia, a este no le interesa en lo absoluto si un gobernante es inútil e incapaz, cada vez se va agrandando más y más, mientras los etno-educadores cumplen con su noble y valiente labor tratando de contribuir para que la cobertura no desfallezca las soluciones se vuelven más exigentes porque habrá cada vez más niños a quienes se le deba garantizar una buena y eficiente calidad educativa.


