LA GUAJIRA CON AGUA SERÍA UNA POTENCIA NACIONAL DE LA VIDA

POR. RAFAEL HUMBERTO FRÍAS En estas noches tan lúgubres y lluviosas de invierno se siente el temible gemir de la brisa y huracanes y allá en el pie de monte de la Sierra Nevada, la madre tierra sonríe con el verdor de la naturaleza y el campesino labrador con hacha en mano derrama el sudor que corre a chorros por su frente y su lomo. Está lloviendo en mi tierra, huele a tierra mojada, cae la lluvia regando las flores y revolotean las mariposas en los jardines junto al colibrí retozando. El ambiente natural volvió a sentirse y las potencialidades en la naturaleza y el ambiente convierten a nuestros exóticos paisajes turísticos en la vitrina comercial de los pueblos que enamoran de La Guajira. Los pueblos de nuestra tierra, despertaron de aquel letargo en que los sumió el verano prolongado. La furia de la naturaleza ha despertado a un gigante dormido, que hoy, se nos presenta con fuertes lluvias, granizadas, huracanes y ola tropical en el caribe insular, desencadenando inundaciones y calamidad pública en el territorio y la población, y afirmamos entonces, que es mejor que llueva porque el agua es vida. Los pronósticos y vaticinios del IDEAM anuncian lluvias hasta diciembre, y después de la tormenta Julia, la cual hizo estragos después de su paso por la Guajira, solo nos resta decir, que el Dios de Israel está con La Guajira, librándonos de todo mal y toda perturbación. Pero es mejor prepararse para algo que tal vez nunca ocurra, antes de que ocurra algo para lo cual nunca nos hemos preparado. La Guajira es la Península más septentrional de Suramérica y el departamento con más litoral caribe en Colombia. Eso lo hace más vulnerable y pone en riesgo inminente sus particularidades territoriales y poblacionales de frente al mar. Es por eso, que deben activarse los comités locales de riesgo de desastres de manera permanente, los cuales deben permanecer como hasta ahora, en total armonía y articulación con la unidad de gestión de riesgo nacional y departamental. Los Ganaderos y agricultores han vuelto a sonreír, volvió a sentirse la atávica vocación agropecuaria de nuestro pueblo. El mugir del ganado, el olor a leche caliente y a pastizales frescos y verdes muestran los campos sembrados y florecidos y los arados de vuelta a labrar la tierra. Indudablemente que la reactivación del campo se hace inminente, la seguridad alimentaria y nutricional debe ser garantizada por el estado. Ahora más que nunca La Guajira debe ser mirada como una potencia nacional de la vida para escribir con agua su progreso. Eso significa, que la segunda etapa de la represa del ranchería con la construcción consecuente de los distritos de riego para poner a parir la tierra, debe convertirse en una realidad tangible. No hay mal que dure cien años ni Guajiro que lo resista dice el viejo adagio. Por eso, no podemos vivir condenados a la desertificación de la tierra como si viviéramos en un desierto del oriente. La conservación de la biodiversidad, el recurso hídrico y los suelos es inminente en la Guajira en todos los estudios de impacto ambiental. El pescador desnudo de la cintura arriba y bogando en la noche serena por la inmensidad del mar, lo mismo que, el indio con todos sus arreos a cuesta por los caminos reales del desierto, no puede seguir siendo el cuadro que encarna la descripción de nuestra idiosincrasia y cosmovisión. Nuestro departamento tiene once cuencas hidrográficas que descienden de la sierra nevada de Santa Marta, más ciento noventa y ocho millones de metros cúbicos de agua represados en el ranchería, que, sumados a los cuatrocientos once kilómetros de costa caribe, se podían aprovechar para producir y garantizar agua para el consumo y la productividad. Pero por fortuna está lloviendo en toda la península y los embates del fuerte invierno nos tienen prisioneros en nuestros propios miedos temiéndole a un desastre natural o a un siniestro. Sin embargo, hay que aprender de las experiencias, a los hijos de Dios las cosas le ocurren para bien. Por eso, debemos atesorar mucho fundamento para el porvenir, aprovechando la época de las vacas gordas, para cuando se avecinen las épocas de las vacas flacas. No podemos resignarnos como el poeta, a morirnos como mueren los inviernos, bajo el silencio de una noche veraniega. Una Guajira con agua si es posible, con modernos sistemas de abastecimiento para el consumo, riego, drenaje y productividad, hasta convertirnos en una potencia nacional de la vida.  

Related posts

Ante el fracaso de la paz total, habrá que consolidar alternativas

COLOMBIA: LA REBELIÓN DE LOS NUNCA Y EL RUGIDO DEL TIGRE

Ley de pensiones y salario mínimo, en suspenso en el poder judicial