POR: RAFAEL HUMBERTO FRÍAS
Mi profunda maduración interior hoy me lleva a introducirme en los vericuetos de la administración pública en La Guajira en la búsqueda de extasiarme en sus escenarios de desarrollo y de progreso. Pero por sustracción de materia voy concluyendo que, cada vez que se avecinan las elecciones territoriales en nuestros pueblos se habla de cambio. La retórica facilista acude a atacar al gobierno de turno y a tratar de desnudar sus debilidades ante el pueblo, desacreditándolo. Mientras tanto, el pueblo se polariza aún más por la confrontación de intereses de sus líderes, quienes solo le apuestan a su interés superior de llegar al poder y eso los convierte en unos francotiradores sin tregua alguna. El significado del cambio en la memoria y los corazones populares, es sólo de cambiar los protagonistas porque no se tiene una agenda temática. Se habla de cambio muchas veces y no se tiene una agenda programática que evidencie mediante un diagnóstico de la entidad territorial cual es el direccionamiento político y estratégico que le espera, sea al municipio o al departamento, cuando concluya cada mandato de gobierno. El ciudadano también pretende que su pueblo cambie, pero sigue pensando lo mismo, y haciendo lo mismo, y en igual forma, lo hacen sus dirigentes políticos y gremiales. Cada cuatro años se repite la misma historia. La democracia en nuestro departamento parece una fiesta pagana donde se asiste a disfrutar del baile y a esperar una buena o mala noticia para unos intereses particulares. Todo en nuestro departamento, salvo algunas excepciones, se va quedando en anuncios y vaticinios incumplidos, y sigue La Guajira como un buque aún anclado a orillas del Mar Caribe. No se escuchan propuestas de desarrollo que descresten o motiven o nos devuelvan la fe y la esperanza con ideas renovadoras de progreso. Nacimos en un departamento con muchas ventajas comparativas, y que se ha quedado solo en eso, en ventajas al colocarlo en una balanza con sus vecinos, pero que no hemos sabido aprovechar de manera racional y eficiente, para mejorar la calidad de vida de la población y progresar. Todos soñamos con una guajira prospera, digna y decente, pero para lograrlo debemos de dejar atrás, muchos paradigmas y estereotipos que nos mantienen mirando el espejo retrovisor de la historia y no nos permiten despegar hacia la autopista del progreso. Lo mejor de la Guajira es su gente, sus particularidades en la población con muestras de blancos, afros, indígenas, libaneses y migrantes, conviviendo en una misma península a orillas del mar caribe y a la cabeza de Suramérica, pero está posicionado como un departamento cola y no líder del país. Porque las particularidades de este territorio, con 20.800 kilómetros cuadrados, dividido en quince municipios, con la biodiversidad, el recurso hídrico y los suelos que posee, con la mayor extensión de costa caribe y la disposición de una frontera viva internacional, no lo caracterizan como un departamento desarrollado. Porque el enfoque no ha sido el más adecuado, la gobernanza del territorio se ha entretenido en lo pequeño y no ha dedicado los mayores esfuerzos y recursos a lo fundamental, a lo estructural, como es transformar a La Guajira. Entendiendo que, La Guajira se transforma desde el arte de gobernar, para mejorar la calidad de vida de su población, mejorar los índices de desarrollo humano y cerrar las brechas que nos separan ostensiblemente de la media nacional. Pero, hoy que el país le apuesta a la paz total, hay que dar muestra de civilidad y escucharse los unos con los otros. No podemos seguir con la imagen estigmatizada por la división frente a la opinión nacional, ni en pleitos intestinales internos, solo separados por enemistad personal, rencores, odios y envidias. Reflexionemos, aquí las diferencias no son ideológicas sino personales y esto compromete el interés general. No podemos seguir promoviendo a La Guajira como un departamento violento y de enemigos, podemos llegar a un acuerdo sobre lo fundamental en medio de las diferencias personales. Hablar y escucharse, sin descalificaciones y con un profundo respeto por las diferencias, debe ser el propósito. Acudir a lo extraordinario cuando lo ordinario y lo convencional ha fracasado hasta llegar a puntos de entendimientos, deponiendo intereses personales, también. La Guajira debe convertirse en un propósito de País, en un gobierno de corte social como el actual gobierno nacional. Soñamos que, La Guajira unida jamás será vencida, porque mejora su capacidad de interlocución.