Jhon Pimienta Jusayu, precandidato a la alcaldía de Manaure, recibe la bendición de sus clanes wayuu

Por: Juan Carlos Herrera

En la comunidad Kalatansumana, en el sector de La Sabana, el precandidato Jhon Pimienta fue protagonista de un encuentro que reunió a sus clanes paternos y materno, los Arpushana y Jusayu.

   Fue la oportunidad de lanzar su precandidata a la alcaldía de Manaure, un pueblo pequeño que ama como toda su extensa tierra guajira.

   Hijo de esta comunidad, sus abuelos paternos son Adel Cuadrado, fallecido, y Carmen Arpushana, que a sus ciento tres años de edad aún respira feliz. Del lado materno, sus abuelos son Uleipini Uriana Fernández, fallecido después de haber vivido ciento seis años, y Riana Jusayu, también fallecida. 

   Es hijo entonces del líder wayuu Miguel Pimienta, del clan Arpushana y de la comunidad Wimpiraren, y de Miriam Jusayu, del clan Jusayu, una mujer conocida entre sus paisanos por ser emprendedora y haber hecho cosas por su comarca, entre esas cosas dejar de herencia en sus hijos una visión de mejoría por los habitantes de su comunidad.

   Desde entonces, cada vez más suena el apellido Pimienta Jusayu, como sinónimo de esperanza entre sus paisanos guajiros.

   La tierra los ha hecho ser buenos amantes de ella. Porque, a pesar de la temperatura del desierto, es un lugar que destila belleza tanto como misterio. Por lo tanto,  la comunidad Kalatansumana ha sido testigo del nacimiento de una nueva generación que, desde el liderazgo político, hace esperar mejores cosas.

LA COMUNIDAD DE KALANTASUNAMA

Es un lugar mágico. Cuenta con un aula educativo, el Centro Anoui, donde estudian alrededor de tres mil niños. Por ello está el deseo en sus habitantes de ser internado, con todas las comodidades básicas.

   Cuenta además con un molino de viento, que desde la distancia testifica que eternamente “la tierra tiene sed”. Y muchos sueños de lluvia.

   No muy lejos está un cementerio, que al igual que Maleiwa, hace a esta tierra más sagrada.

QUIEN ES JHON EL DE LA SABANA 

Para su padre Miguel Pimienta, su hijo John es un ejemplo de superación. Quien hoy aspira ser alcalde, tuvo una niñez como la de cualquier wayuu más. Arreó agua, cuando apenas podía con su peso. El primer idioma que usaron para hablarle de este mundo, fue el wayuunaiki. Cuando siendo un joven y pastoreaba los chivos, fue en efecto en wayuunaiki. O quizás, por amor a su entorno natural, el idioma entendible del mundo caprino.

   Sin embargo, visualizando un mejor futuro por esa comunidad siempre olvidada por el gobierno nacional, Miguel Pimienta fue consciente de que sus pequeños tenían que aprender bien el español. Por tal razón junto a sus hermanos los envío a estudiar a Riohacha, capital de La Guajira. Allí cursarían estudios, y John Pimienta se haría Administrador de Empresas de la Universidad de La Guajira.

   Desde entonces, trabajando también como empresario, en John Pimienta, padre de tres hijos, comenzó a crecer el sueño de hacer realidad los sueños de sus paisanos guajiros, de una forma más rápida y verdadera.

   De esa manera, gracias a los distintos caciques y amistades, se planeó el encuentro. Donde el pueblo wayuu, antes que la población de Manaure, recuerde bien quién es su buen hijo.

   La comunidad Kalatansumana, fue testigo de la presencia de más de mil personas de la etnia wayuu, que creen que su buen sueño será una realidad como ese día de lanzamiento. Una extenso kiosko de palma amarga, de los tantos de la comunidad, fue lugar de encuentro de las personas que asistieron para verlo y entenderlo. Como se sabe, para los wayuu el kiosko o enramada representa punto de encuentro, donde se hablan de muchas cosas, la mayoría de veces, por supuesto, para arreglar las cosas de este mundo.

   A los alrededores, entre árboles de dividivi y carpas armadas a última hora, también estuvieron más personas, pendientes de todo lo que se ha convertido en una gran esperanza para ellos. Era impresionante la llegada de distintos carros en el desierto, palabreros, caciques, autoridades tradicionales, líderes y dirigente políticos, familiares, para respaldar a alguien que apenas cumple treinta y cuatro años.

   Con la presentación por micrófono del animador de eventos Pablo Berti, fue posible entender la aspiración de un amigo que tiene la intención de ayudar a los que necesitan creer más en Dios en el desierto. También la música cristiana estuvo presente, el tambor de la yonna, haciendo creer que hasta los espíritus de los ancestros quieren votar por alguien que hace sentir el amor por su tierra, en este mundo y desde el otro mundo.

   Por supuesto, su padre Miguel Pimienta cogió con experiencia el micrófono. Habló, al igual que la madre de aquel, de la esperanza que tienen de que sea alcalde de Manaure, para bien de este pueblo, pero también de sus corregimientos y más apartadas rancherías.

   John Pimienta intervino, y habló desde el corazón. Como todos, primero en wayuunaiki, y luego en español, para traducir universalmente el sentimiento de su terruño. El que lo lleva a querer ser alguien grande, para hacer algo grande por todos ellos.

   Al final, la gente estalló en aplausos por sentir que de ganar en las elecciones, los verdaderos ganadores serían los niños de ese desierto, como alguna vez lo fue él. En realidad, se ha convertido en la esperanza de un territorio que sueña con él, de la misma manera que él por verlos siempre a ellos, antes y después de las elecciones de octubre, ya que por primera vez en la historia existe la posibilidad de que, de llegar a la alcaldía de Manaure, se presente un diálogo directo y genuino entre la administración del municipio salino y las autoridades del pueblo wayuu.

   Al final hubo un baile de yonna que tuvo como protagonista a John Pimienta, quien con eso demuestra que no solo conoce bien su cultura, sino que lo que más quiere a través de su incursión en la política es que prevalezca milenariamente lo más autóctono de ella.

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