Por: Juan Carlos Herrera
En La Guajira, desde tiempos recientes, cada vez más el pueblo primero toma conciencia de que la arena le pertenece. Es un sentir que toma fuerza, porque la raza menos exterminada por los españoles en Colombia aumenta de gente, que reclama desde el presente un poder que tuvo milenariamente desde antes de la llegada de los europeos. El estudio, el saber, pero, sobre todo, el amor por su tierra, causa que sus verdaderos habitantes vuelvan a mostrar con sus infinitos rostros la verdadera cara de América, o del llamado Nuevo Mundo.
En algunas ocasiones, el departamento ha visto llegar a los despachos públicos, a personas de la etnia wayuu, la gente que más quiere a esta península, en este mundo y después cuando está en el otro mundo. Si bien la han representado, algunos han nacido en epicentros urbanos con el ajetreo del hombre civilizado, viendo la mezcla de razas que hace olvidar al guajiro que continúa vivo en su tierra.
En cambio, el caso de Jhon Pimienta Jusayu es de resaltar. Al contrario que otros miembros de la comunidad wayuu que han estado en un gran cargo, su venida al mundo sucedió en una ranchería lejana. En el sector de La Sabana, vio primero los chivos que las motos. Escuchó antes el canto del viento que el del famoso músico Diomedes Díaz. Conoció por momentos la sed, como los pájaros. Caminó sin zapatos, hasta que los cayos de los pies se hicieron fuertes como la suela de las guaireñas.
Su vida transcurrió así, anclada en el desierto, quizás sin soñar que algún día saldría de allí para llegar a Manaure y mandar el destino de sus paisanos, como solo lo han hecho los arijunas desde hace quinientos años. Su primer idioma fue el wayuunaiki, y aunque habla perfecto el español, aún sueña el cambio de su gente en las rancherías, en este idioma guajiro.
La Guajira es originalmente de los wayuu
La Guajira, la verdadera tierra del olvido. Como lo dijo alguna vez el intérprete Carlos Vives de la Sierra Nevada de Santa Marta, cada vez más en los medios de comunicación de toda Colombia, se habla más de la muerte por desnutrición que sufren los niños de La Guajira, que del mismo gas y el carbón. También más que del turismo, que se ha convertido en otra perla que solo cogen los extranjeros. Es tan grande el olvido, que las gentes no se acuerdan de que alguna vez las han querido. Es por ello que está el deseo de que alguien nacido en esas sabanas de trupios, dividivis, cactus, tunas y cardones, el popular sobrino de Misael, los lleve por siempre en el recuerdo cuando, con la bendición de todos, llegue al cargo donde la mayoría de los gobernantes “han perdido la memoria”.
Él tiene la suya fresca. Por una gran razón: él es uno de esos olvidados que se cansó de esperar, y gracias al estudio superior que tuvo la oportunidad de tener, irá aspirante a Manaure para poner en práctica el refrán que dice que “si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña”, haciendo referencia al principal profeta del Islam, que en la cercana ciudad comercial de Maicao cuenta con muchos fieles seguidores musulmanes.
Uno de los responsables de que algún día aspirara cosas buenas en la política, fue su padre Miguel Pimienta. Líder wayuu, tiene un don para hablar con parlamento tanto en wayuu como en español, y sembrar en sus descendientes un sentimiento por el entorno natural de ovejas y cabras que no olvidan, por mucho que estén en las ciudades. Gracias a él, Jhon Pimienta estudió en la Universidad de La Guajira la carrera de administración de empresas. En una ocasión, ya aspiró al concejo de Manaure.
Su hermana Rina Pimienta Jusayu, tan bien preparada como él –y dueña de una belleza y carisma natural para atender a todas las personas-, sí llegó a ser concejal de Manaure, hasta mediados del año pasado. Prueba de que estos hermanos tienen el sueño de ayudar a los demás, que sueñan que al desierto arribe desde el gobierno gente que no solo ame las tierras por hectáreas que compran, sino a sus humildes habitantes que miran pasar el tiempo en silencio. Es claro que ahora Jhon Pimienta muestre interés por este municipio, que tiene que ver tanto con el apartado desierto donde la única ley que parece que existe es solo la de Dios, porque las legislativas del gobierno no la llegan a traer tanto en automotores los hombres.
La vida le ha permitido a Jhon Pimienta otras facetas. Ha tenido una vida de empresario, y desde ese entonces piensa más en los demás. Sabe por esa razón que también puede ser un buen administrador de Manaure, por la prosperidad de este amado municipio, en todo el sentido de la palabra.
Manaure
La población de Manaure, frente al mar Caribe, ha sido un lugar de encuentro de indígenas, negros y blancos durante largo tiempo. Lugar de producción masiva de sal, la mano indígena ha sido la más explotada durante años, a cambio solo de un espacio en el mundo. Puerto marítimo, con un muelle donde llegan a cargar los barcos, su pirámide de sal parece una de las maravillas de La Guajira universal. Aunque la realidad, es que es un sitio donde se presentas las injusticias, tan comunes como los días. Donde siempre la víctima, es el pueblo indígena cuyo idioma los explotadores apenas entienden, y confunden con otro sonido caprichoso del desierto.
El mundo que pertenece al wayuu, ahora a través de personas como Jhon Pimienta Jusayu, sabe que a veces la mejor forma de amar un territorio, no es bebiendo agua de un jagüey, comer iguaraya, cantar al viento, sino hacer algo por sus paisanos que, desde hace quinientos años, sueñan proféticamente con un príncipe parecido a él que los dirija y más entienda a sus espíritus.
Es la gran verdad. De llegar Jhon Pimienta a la alcaldía de Manaure, por primera vez en la historia de La Guajira, habrá un dialogo directo y genuino entre las autoridades wayuu y la administración municipal. Por una fuerte razón: el aspirante a ser administrador municipal, hoy en día administrador de empresas, es solo un wayuu más que estará como burgomaestre para escuchar él mismo lo que a esa oficina llega a decir en voz alta. Atender el clamor de su gente, de los verdaderos dueños de ese territorio, que verán en él un espejo grande donde adentro se verán completos ellos mismos.
De ganar la contienda electoral, un wayuu de ranchería llegaría a liderar un pueblo famoso que cuenta con habitantes de todas las razas y colores, en un territorio que, a pesar de los atropellos, jamás dejará de ser indígena. Porque es, desde el poder, donde más se dirá que América vuelve a ser dirigida por sus habitantes milenarios, algunos que al nacer apartados aún no saben que existen las grandes ciudades.
Eso lo saben sus paisanos wayuu. En vista de eso, han llegado a la conclusión de que apoyarlo ya desde estos días, es comenzar a ver distintos los amaneceres de sol que para todos vienen.
Kalantasumana lo bendice
Hace pocos días, en la comunidad Kalantasunama, donde Jhon Pimienta Jusayu se crio, se llevó a cabo el encuentro de sus dos clanes paternos y paternos, los Arpushana y Jusayu, para darle el apoyo a un joven del desierto que aspira un cargo en el municipio salino. Fue un día de muchas personas, de cordialidad, del respaldo de los amigos, de autoridades wayuu, clanes, palabreros, para bendecir a alguien que nació allí, donde sin necesidad de votos ya pareciera que desde el corazón gobernara. Habló por micrófono el animador Pablo Berti, hizo alabanzas un pastor cristiano, sonó el tambor de la yonna, hablaron sus padres Miguel Pimienta y Miriam Jusayu de las cualidades de un hijo no solo de ellos, sino de la tierra más querida por el dios Maleiwa. Él mismo joven de treinta cuatro años habló, porque hablar se ha convertido en su mejor manera de hacer soñar despiertos a las castas.
En efecto, Jhon Pimienta tiene toda la intención real de seguir siendo el mismo wayuu, porque como alcalde de Manaure hablará en los dos idiomas simultáneamente. Conoce los problemas de la gente, porque los vivió. Sabe en qué parte de los corregimientos, en qué camino desolado, faltan pupitres para los colegios, jagüeyes para calmar la sed, alimentos para los perros. Entiende qué significan los sueños que al dormir él tiene, que varias veces son avisos, claves para solucionar las cosas en una comunidad tan alumbrada en la noche por luna y las estrellas.
Su deseo de ser alcalde es eso: satisfacer los deseos de los niños, como nunca los vio satisfechos él. Porque sabe que las personas más apartadas, son las que más sueñan con que hasta el nuevo gobierno del presidente Gustavo Petro, se acuerde aún más de ellas.
En poco tiempo, Jhon Pimienta hará inscripción de su precandidatura a la alcaldía. Con ello, será más visible su sueño, y el de los demás, que son muchos y que están desesperados para votar por él. Porque de hacerse realidad el sueño de ser alcalde de la población de Manaure, cumplirá a la vez el sueño de incontables guajiros que ya no están en este mundo, pero que siempre quisieron que alguien del desierto caliente, de la más apartada ranchería, sea quien determine el rumbo de sus originales habitantes, quienes durante más de quinientos años no han sido escuchados ni cuando han aprendido a hablar bien el idioma español.
Es lo que siempre se ha visto. Por ello, el pueblo guajiro ha aprendido que estudiar es el mejor camino para lograr cosas, entre esas cosas el poder político donde recuperan sus más grandes derechos terrenales.
Por lo tanto, es claro que la población de Manaure tiene la oportunidad de decidirse por alguien que conoce las necesidades más básicas de los niños de las rancherías, porque recientemente él fue uno de ellos. Sabe todo, y por ello quiere ser el alcalde, para no olvidarse de lo que siempre ha querido con afán hacer. El bienestar de su gente que está esperado que llegue octubre, para sentir el placer de coronar electoramente alguien de ellos escuchando no solo sus necesidades más materiales, sino interpretando los sueños de un pueblo primigenio que al despertar reconoce que todo el territorio de la Península de La Guajira, con su magia y fantasía, es solo y únicamente suyo.
Juan Carlos Herrera nació el 8 de junio de 1979 en Riohacha, La Guajira, departamento de Colombia. A los quince años de edad comenzó a escribir en la máquina de su padre, al principio no tanto por ser un profesional de la escritura sino para parecerse a él. Fue entonces tantas veces por la tarde a la playa, frente a las olas y al lado izquierdo del muelle de madera de su pueblo, hasta darse cuenta de que era «El Escritor del Muelle». De esa manera, solo miraba lo que sucedía en el mar Caribe. Inspirado por aquella mágica región, Juan Carlos Herrera «El Escritor del Muelle» obtuvo la visión de cuán grande haría de ahora en adelante la literatura. Es autor del libro de cuentos Lo que hizo un colombiano por una visa, y de las novelas La bella mujer del narco, La novia, Silvestre Dangond el dios de la nueva ola e Historia de amor. Relatar le mueve, y basta apenas leerlo, para enterarse de que es la mejor forma como aparece en el mundo.
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