La Guajira tiene sed

El problema de meterse con la cuestión Guajira es que el gobierno tiene que salir con una respuesta definitiva a un problema en que hemos fallado -como gobiernos y como sociedad- durante los últimos 50 años.

Por: Fernando Ruiz

El gobierno decidió retomar la agenda de reformas con una estrategia diferente después de haber perdido, en las dos que utilizó el semestre anterior, con resultados muy negativos: Primero, la negociación política que tumbó a un ministro de interior y ya tiene muy herido a su sucesor. Segundo, los llamados a la calle -que terminaron volviéndose en contra del propio gobierno- con las nutridas manifestaciones convocadas por los opositores y los retirados de las fuerzas militares.

El mensaje de la nueva estrategia es aún más confuso e inteligible. Se busca el efecto demostrativo con la aplicación de las reformas en sus componentes más sociales. Y, de nuevo, la reforma de salud parece ser utilizada como la punta de lanza para este experimento político. Es prácticamente imposible aplicar las reformas laboral o pensional sin una Ley aprobada por el Congreso, pero en el caso de salud es diferente: Basta con ir ahogando financieramente las EPS y con ellas todo el componente privado del sistema de salud. Caerán como fichas de dominó, ya había anticipado el presidente.

El dilema es que, mientras se apaga el viejo sistema de salud, es necesario ofrecer a la sociedad alguna alternativa. Esa opción está al alcance de la mano con el montaje de los equipos de atención primaria y no es necesario pasar la Ley por el congreso para implantarlos. Para ello se cuenta con recursos del presupuesto general de la nación y la implementación depende de la voluntad de los entes territoriales. Lo mismo que se lanzó con bombos y platillos, el 3 de noviembre pasado desde Aracataca, en una épica puesta en escena.

Pero más allá del parafernálico lanzamiento no ha pasado nada. La gran mayoría de los gobernadores no comió cuento y ha sido ostensible la incapacidad del debilitado ministerio de salud para consolidar una operación medianamente confiable del cacareado programa. Ahora, se refuerza la estrategia con una nueva puesta en escena de las que gustan al gobierno, esta vez desde La Guajira, a través de la declaratoria de emergencia social: “Tendremos más de 300 médicos y 600 enfermeras,…, y equipos de salud que visitaran casa por casa, cada ranchería, cada barrio, cada punto veredal, llevando vacunas y estableciendo las condiciones de salud en cada territorio”.

El problema de meterse con la cuestión Guajira es que el gobierno tiene que salir con una respuesta definitiva a un problema en que hemos fallado -como gobiernos y como sociedad- durante los últimos cincuenta años. El asunto es de la mayor monta y, si las intervenciones derivadas de la emergencia social se transforma en más demagogia o politiquería, se hará patente el fracaso de la izquierda como alternativa para las poblaciones más desprotegidas de nuestro país.

Como bien lo expresó el Dr. Marulanda, Presidente del Colegio Médico Colombiano y conocedor como pocos de las condiciones de esa región: “El hambre de La Guajira, y de cualquier parte del mundo, no es un asunto médico. Es un asunto de comida”.

La principal causa de muerte en los niños de ese departamento es la falta de agua. Durante un recorrido por la alta Guajira -que coordinó la Procuraduría- las expresiones de los líderes wayúu fueron lapidarias: “El problema es el hambre y es la sed nos deben respetar y no tratar como chivos. El pueblo wayúu debe ser autónomo a qué EPS se afilia, queremos saber a qué viene esa gente de las brigadas, han venido cinco veces en un mes y no cambia nada, vienen a dividir”.

Lo primero es lo primero: El problema del agua debe ser la prioridad y, los tres últimos gobiernos, han terminado en la solución de abrir pozos para generar el preciado líquido, pero por agotamiento natural, y falta de mantenimiento, no han funcionado. El gobierno expidió la semana pasada, el decreto 1250, que faculta al Ministerio de Vivienda, Ciudad y Territorio, a tomar algunas medidas para orientar recursos para mejorar el suministro de agua en el departamento.

Es una dura tarea, pero lo más importante es asegurar que esos recursos lleguen a su objetivo final y no se repita la historia -de tantas veces- en que los recursos extraordinarios para ayudar a cerrar la deuda histórica con el pueblo wayúu termine perdiéndose en manos de los políticos de siempre, o de los nuevos políticos, como ya hemos visto que está sucediendo.

Y, mientras tanto, si por La Guajira no llueve, por Bogotá tampoco escampa: El flamante candidato único del Pacto Histórico a alcaldía de Bogotá, nos ofrece una reforma a la salud “sin pasar por el congreso”. Entonces, ¿no era necesario tener una Ley? El único objetivo que tienen es acabar las EPS para quedarse con la plata. El problema de los bogotanos es que el 80% están en el régimen contributivo y, el candidato, está queriendo girar la platica de nuestras contribuciones para “vivir sabroso”.

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