Por: Delio Guerra Ibarra.
Todos los 28 de Diciembre se conmemora el día de los santos inocentes, una fecha de carácter religioso que recuerda el evento narrado por San Mateo en su evangelio.
Recuerdo que la mayoría de los jóvenes en el poblado de Camarones celebrábamos esta fecha con mucho ingenio y bromas pesadas. Para ese día todos los lugareños amanecíamos a la expectativa y pendiente de cualquier evento a suceder. Los ingeniosos y bromistas del pueblo ponían a prueba su capacidad para inventar cualquier inocentada, una de las tantas que ha quedado en el imaginario colectivo ha sido la del señor Luis Vicente Cotes Cuello (Q.E.P.D), hijo de Rafael Cuello y Adelaida Cotes, hermano de Nicolás y Nelson Cotes “Guarire” (Q.E.P.D).
Recuerdo que para la época de los setenta a ochentas, Luis Vicente era un joven díscolo propietario de una camioneta Ford color roja apodada “Zoila”, cabe mencionar que ese 28 de Diciembre de los años antes mencionados, amaneció con la luna revuelta y conduciendo a toda velocidad “La Zoila” e hizo encerrar a todos los niños y adultos mayores del pueblo para evitar no ser atropellado por su camioneta.
Después de alborotar a todo el pueblo se estacionó en el club del señor Manuel Bermúdez (Q.E.P.D) y le vociferó a los allí presentes que le tomaran el tiempo, que iba para Riohacha y que los 22 kilómetros que había de distancia los recorrería en 5 minutos, luego arrancó a toda velocidad como “alma que lleva el diablo”.
Transcurrieron 30 minutos, cuando la emisora Radio Almirante emitía una noticia de última hora en la que le avisaban a la familia Cotes en Camarones que el señor Luis Vicente Cotes había fallecido en un accidente de tránsito, nuevamente el pueblo se alborotó con la noticia y todos los hermanos, familiares y amigos del supuesto fallecido salieron para Riohacha a darse cuenta del accidente.
Pero que sorpresa que al llegar a la entrada de la capital encontraron al señor Luis Vicente en una cantina llamada “El Pakistán”, estaba muerto pero de la risa y tomando cerveza con varios amigos.
Fue entonces, que al verlo “Vivito” y “Coleando” sus hermanos y demás familiares le dieron cipote e regaño y además lo obligaron a regresar al pueblo en donde Adelaida Cotes su madre, permanecía llorando desconsoladamente y en espera del cadaver de su hijo.
Ese día Luis Vicente la hizo boja.