POR ROBERTO GUTIERREZ CASTAÑEDA
El territorio comprendido por la Península Guajira y lo que hoy conforma el distrito de Riohacha ha sido desde la invasión española una especie de dolorosa cuña entre Venezuela y lo que se llamó La Nueva Granada y posteriormente Colombia.
El 16 de septiembre 1550 Carlos V por Cédula Real establece que Riohacha quedaba sujeta a la Audiencia de Santo Domingo y no a la de Sana Fe. En 1593, cuarenta años después, por Cédula Real se adhiere a Riohacha a la provincia de Santa Marta. En ese entonces gran parte de la Península Guajira formaba parte de la Capitanía de Venezuela.
Al separarse la Capitanía de Venezuela del Virreinato de la Nueva Granada por Cédula Real del 8 de septiembre de 1777 al no precisar los hitos limítrofes entre las dos entidades estalla entre ellas la disputa por la explotación de las perlas en Riohacha como resultado de lo cual ,el 13 de agosto de 1790, se segrega de Riohacha el asentamiento de Sinamaica que se agrega a la provincia de Maracaibo, acto ratificado el 1 de agosto de 1792.
Durante el siglo XVIII la confrontación guerrera entre wayuu y español fue permanente, considerandose su territorio como estado independiente. En 1718 el gobernador soto de Herrera los llamó “ bárbaros dignos de muerte”. De todos los indígenas del territorio colombiano fueron los únicos en aprender el uso de las armas de fuego y del caballo.
El 2 de mayo de 1769 en Riohacha los wayuu se rebelaron contra el gobierno de la Nueva Granada y derrotaron la expedición comandada por José Antonio de la Sierra logrando superar parte del territorio usurpado por los españoles.
En 1810 en Riohacha se formó una junta de gobierno presidida por Tomás Pérez que rechazó la proposición de Santa Fe y ratificó como nación soberana la adhesión a la Corona Española y anunció que sus asuntos se tratarían directamente con España o por intermedio de Maracaibo.
En su periplo desde Santa Fe hacia Caracas el Libertador Simón Bolívar temía llegar a Riohacha por dos razones: la sentencia a muerte de José Prudencio Padilla y el rechazo de la ciudad a la autoridad neogranadina. La Providencia intervino para evitar que este pueblo cometiera un magnicidio.
El Laudo Arbitral Español, oficialmente llamado Laudo en la Cuestión de Límites entre la República de Colombia y los Estados Unidos de Venezuela, fallo dictado por la reina regente de España María Cristina de Habsburgo (María Cristina von Habsburg-Lothringen) el 16 de marzo de 1891, firmado por JUSTO AROSEMENA por Colombia y ANTONIO GUZMAN por Venezuela definió la línea fronteriza actual.
Desde entonces Riohacha y La Guajira pertenecen oficialmente a la República de Colombia.
Desde entonces padecemos el Mito de Sísifo, intentamos coronar la roca de nuestras ilusiones en la cima del éxito y cuando creemos que hemos llegado a la meta se despeña como nuestra esperanza en la insignificancia de nuestras aspiraciones.
Antes la lucha era existencial: como caribes nos identificábamos con la Antillas, como continentales luchábamos contra la metrópoli colonialista , no confiábamos en los lejanos y absorbentes centros de poder andinos el uno en Caracas y el otro en Santa Fe. Hoy definida la identidad nacional, pero perdida nuestra idiosincrasia, sigue la lucha bifronte contra los que Bolívar llamaba lanudos asentados en la fría, inhóspita y excéntrica Bogotá y los antropófagos e insaciables excluyentes miembros de la élite barranquillera. Como en todo, hay diferencias. Bogotá comparte con sus andinos y lo que sobra lo reparte; Barranquilla es egoísta y cicatera no permite que su vecindario prospere. Lo que sirve a Barranquilla sirve a la Costa, lo que le sirve a la Costa no le interesa a Barranquilla.
La Guajira lucha sola contra estos dos monstruos ante la permisividad, indiferencia y masoquismo guajiro. Familias nacidas y criadas en este departamento donde iniciaron y acrecentaron sus fortunas emigraron a invertirlas en otros escenarios donde construyen monumentos mientras sus casas natales se caen a pedazos corroídas por el comején del abandono.
La lucha que cotidianamente libra el pueblo raso guajiro es ejemplo de la insolidaridad de la Región Caribe. La Guajira subsidia al Atlántico y a Colombia y en retribución lo que recibe es la prestación ineficiente de servicios malos y caros mientras en Barranquilla están las oficinas y mansiones de los ejecutivos de las compañías extractoras de la materia prima que genera la energía con la que se mueve el país.