Por Nelsis Miranda Daza
Hoy, en un ambiente cargado de emociones y recuerdos, conmemoramos el novenario de Matilde María Martínez Navas, una mujer de 69 años cuya partida ha dejado un vacío profundo en la comunidad del barrio Arriba, en Riohacha. Su vida fue un ejemplo tangible de amor al prójimo y de entrega desinteresada, y su ausencia se siente intensamente entre quienes tuvimos la suerte de conocerla.
Conocida cariñosamente como «Mati», Matilde era mucho más que una vecina; era una presencia constante de apoyo y alegría. Así lo vivieron los integrantes de la familia Miranda Daza, quienes, durante 19 años, tuvieron el privilegio de ser sus vecinos, y cada día compartido con ella fue un tesoro que ahora guardan con especial cariño. Su presencia en la cuadra era como un faro, irradiando luz y calidez a todos quienes la rodeaban. En ella se cumplía a la perfección el dicho que dice: «¿Quién es tu hermano? El vecino más cercano». Mati era, en verdad, esa hermana en quien todos podíamos confiar sin reservas.

Uno de los momentos más especiales para recordar a Matilde es durante la temporada navideña. Cada diciembre, su hogar se convertía en un punto de referencia no solo para el vecindario, sino para muchas personas en Riohacha. Con esmero y dedicación, decoraba su casa con luces y adornos que atraían a visitantes de toda la ciudad, quienes venían a admirar su obra y a tomarse fotos para guardar como recuerdo. La Navidad en nuestra cuadra tenía un brillo especial gracias a ella, y este año, sin su presencia, ese rincón festivo se sentirá oscuro.
Sin embargo, Matilde no solo era conocida por su amor a la decoración navideña. Su verdadero legado radica en su generosidad incondicional y en su disposición para ayudar a los demás. No importaba cuán ocupada estuviera, siempre encontraba tiempo para escuchar, para ofrecer un consejo o para extender una mano amiga. Si alguien necesitaba algo, desde un pequeño favor hasta un apoyo en los momentos más difíciles, Mati estaba allí, siempre dispuesta a ayudar. Su capacidad para hacer sentir a todos valorados y queridos era un don especial que nos unía a ella de manera única.
Mientras reflexionamos sobre su vida, no puedo evitar pensar en lo mucho que su ejemplo nos ha enseñado. Matilde nos mostró que la bondad no necesita ser ruidosa ni ostentosa; puede manifestarse en los pequeños actos cotidianos de amor y cuidado. Vivió una vida sencilla pero llena de significado, y es ese significado lo que nos queda como su valioso legado.
El dolor de su partida es profundo. Como vecinos durante casi dos décadas, sentimos en nuestros corazones un pesar difícil de describir. La calle, nuestras reuniones, las charlas frente a su casa, todo se siente diferente sin ella. Pero en medio de este dolor, también hay una inmensa gratitud. Gratitud por haberla conocido, por haber compartido tantos momentos, y por todo lo que nos dejó.

En este día de su novenario, ruego a Dios que no tenga en cuenta sus pecados y que la lleve a disfrutar de la gloria eterna que, sin duda, merece. Todos los que la conocimos sabemos que su corazón era puro, y estoy segura de que Dios le ha reservado un lugar especial a su lado. La cuadra extrañará su presencia, su alegría y ese espíritu festivo que nos unía cada diciembre. Aunque su partida nos deja un vacío, su memoria seguirá viva en cada uno de nosotros.
Querida Mati, te despedimos con amor, sabiendo que ahora brillas en un lugar mejor, pero siempre permanecerás en nuestros corazones. Y cuando te encuentres con tu querido vecino Kike, -nuestro padre- a quien quisiste tanto y a quien le aguantaste tantas chocheras, salúdanoslo de nuestra parte.
En este momento de despedida, la familia Miranda Daza quienes te quisimos verdaderamente, extendemos un saludo solidario a tus hijos Mario, Héctor y Margarita, a su esposo Héctor Manotas, y a sus hermanos Reyes, Idelmis, Luis y Miguel. Sabemos que el dolor es grande, pero también confiamos en que los recuerdos de Matilde y el amor que compartieron les darán la fortaleza necesaria para sobrellevar este difícil momento.
Tu legado de amor y bondad seguirá inspirándonos, y aunque ya no estés físicamente con nosotros, tu espíritu continuará iluminando nuestras vidas.
Matilde Lina, como solíamos llamarte, nos da un poco de tranquilidad tu partida, porque has dejado de vivir entre nosotros para ahora vivir dentro de nosotros, de nuestros corazones, vuela alto ve al encuentro con el creador, el dueño de la vida.

