LOS SILENCIOS DE LUIS EGURROLA

Por Fredy González Zubiria 

LUIS EGURROLA HINOJOSA nació en San Juan del Cesar, La Guajira. Heredó de su abuelo Enrique Luis Egurrola, guitarrista y fabricante de guitarras, su nombre y la pasión por la música. Creció escuchando los boleros que entonaba su madre María Teresa Hinojosa.

La hepatomegalia congénita que padeció, lo obligó a marginarse de los juegos de infancia y los deportes juveniles, pero no impidió su carrera musical. LUIS EGURROLA inundaría de clásicos el cancionero vallenato. 

Creció como un niño introvertido, muy callado. En su alma nació un jardín poético donde sólo él tenía acceso. Parecía de otra época, la de los románticos auténticos de amores sublimes, un romanticismo que afloró en su obra artística.

Cada canción suya es un paraje del sendero de su vida. Un adagio italiano dice: «el amor verdadero siempre encuentra su camino» y él lo encontró en Julieta Mendoza, su esposa y madre de sus hijos.

Era reservado, reflexivo, meditabundo e irreverente, muchas veces fue mal entendido, parecía engreído, y era todo lo contrario, sufría de una timidez extrema. Se encerraba en sus silencios, pensando mucho, disfrutando de su propio mundo de versos y notas musicales.

LUIS EGURROLA fue y será una persona muy importante para La Guajira y Colombia. El cuerpo del poeta falleció, su alma vivirá eternamente en sus versos. Mientras escribo, escucho una y otra vez la estremecedora obra LAS VERDADES DE MI VIDA, interpretada magistralmente por DIOMEDES DÍAZ, esa súplica que le hizo a Dios para expulsar un tormento y alcanzar el verdadero amor, Dios lo complació. Gran orgullo que nuestra tierra haya parido un ser humano tan excepcional como él.

«Dios tú qué sabes cuánto la he querido dame fuerza hoy para vivir».

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