POR HERMES LOPEZ DELUQUE
En estos últimos días de diciembre, los recuerdos, como un enjambre, llegan a mi mente, entre ellos los tiempos de mi niñez y he notado que la mayoría de mis amigos de infancia, han partido y estoy quedando solo, sobreviviendo como una especie en vía de extinción.
Hoy, todo ha cambiado, ayer disfrutábamos en compañía de nuestros amigos echando cuentos y escuchando las historia inventadas de los mayores.
Cuándo niños, jugábamos al escondido, al papá y a la mamá, a la libertad, al palito, y por supuesto, al fútbol, entre otros.
En horas de la noche nos sentábamos a escuchar las fantasías de los mayores con personajes como; el hombre sin cabeza, El barril del otro mundo, la llorona, El bolichero y las apariciones de los fallecidos, esos tenebrosos personaje no nos permitía dormir solos y esperábamos acostarnos a la misma hora que nuestros padres o abuelos.
Éramos felices y no lo sabíamos, se respiraba sincera amistad y mútuo respeto hacia los demás.
Hoy, desgraciadamente vivimos sumergidos en la tecnología, El celular es más importante que las reuniones familiares y nos sumerge a cada uno en un mundo de locos.
Poco hablamos con nuestros padres, nuestros hijos, nuestros hermanos, familiares y amigos.
En un hogar conformado por los padres y dos hijos, se viven cuatro mundos diferentes, los hijos se encierran en sus cuartos individuales y los padres prefieren mirar las pantallas de sus teléfonos y no mirarse a los ojos.
Como cambian los tiempos y como mueren las costumbres.
Si pudiera elegir entre el ayer y el hoy, sin dudarlo elijo el ayer.
Dios nos bendiga amigos.