POR ALEJANDRO RUTTO MARTINEZ
Por los caminos donde florece el caรฑaguate y los รกrboles pintan de amarillo los mรกrgenes del recuerdo, naciรณ una mujer que fue ternura con pies firmes, luz que no se jacta y canto que no se apaga. ๐๐ ๐ฅ๐ฅ๐๐ฆ๐จฬ ๐๐จ๐ฌ๐ ๐๐๐ซ๐ขฬ๐ ๐๐๐ซ๐จ๐๐ฒ ๐๐๐๐ข๐ง๐, ๐ก๐ข๐ฃ๐ ๐๐ ๐๐จ๐ฌ๐ฬ ๐๐ซ๐๐ ๐จ๐ซ๐ข๐จ ๐๐๐ซ๐จ๐๐ฒ ๐๐จ๐ฅ๐๐ง๐จ ๐ฒ ๐๐ฬ๐ฅ๐ข๐๐ ๐๐๐ซ๐ขฬ๐ ๐๐๐๐ข๐ง๐ ๐๐๐ซ๐ซ๐จ๐ฌ. En su tierra natal, respirรณ el aire puro de las provincias que crรญan mujeres fuertes y dulces a la vez.ย
Caminรณ entre flores rosadas de roble que alfombraban los suelos en abril y mangos maduros cuyo aroma se volvรญa parte del alma de la casa. Su infancia tuvo el gusto del dulce de leche y el jugo de limรณn servido en los dรญas calurosos, y tambiรฉn el sonido de los pรกjaros libres y el acordeรณn que entonaba nostalgias alegres.
๐๐ง ๐๐๐๐, ๐ฎ๐ง๐ข๐จฬ ๐ฌ๐ฎ ๐ฏ๐ข๐๐ ๐ ๐ฅ๐ ๐๐ ๐๐ฎ๐ข๐ฌ ๐ ๐๐ซ๐ง๐๐ง๐๐จ ๐๐๐ฎ๐งฬ๐ ๐๐๐ ๐. ๐๐ ๐๐ฌ๐ ๐ฎ๐ง๐ข๐จฬ๐ง ๐ง๐๐๐ข๐๐ซ๐จ๐ง ๐๐๐๐ซ ๐ ๐๐ซ๐ง๐๐ง๐๐จ ๐ฒ ๐๐ฆ๐๐ฎ๐ซ๐ฒ ๐๐๐ซ๐ข๐ง๐, ๐ ๐ช๐ฎ๐ข๐๐ง๐๐ฌ ๐๐๐ฎ๐๐จฬ ๐๐จ๐ง ๐๐ฆ๐จ๐ซ ๐ฒ ๐ฉ๐ซ๐ข๐ง๐๐ข๐ฉ๐ข๐จ๐ฌ, ๐ฉ๐๐ซ๐ ๐ช๐ฎ๐ ๐๐ฎ๐๐ซ๐๐ง ๐๐ฎ๐๐ง๐จ๐ฌ, ๐๐ฎ๐๐ซ๐ญ๐๐ฌ ๐ฒ ๐๐๐ฉ๐๐๐๐ฌ ๐๐ ๐ญ๐ซ๐ข๐ฎ๐ง๐๐๐ซ ๐ฉ๐จ๐ซ ๐๐ง๐๐ข๐ฆ๐ ๐๐ ๐๐ฎ๐๐ฅ๐ช๐ฎ๐ข๐๐ซ ๐๐๐ฏ๐๐ซ๐ฌ๐ข๐๐๐.ย
Fue madre de manos cรกlidas, de caricias sin prisa y abrazos que no exigรญan palabras. En el vaivรฉn de los aรฑos, Rosa Marรญa fue cimiento de hogar, compaรฑera de vida y educadora por vocaciรณn.
El 15 de agosto de 1985 fue nombrada profesora del entonces Centro de Atenciรณn Infantil del ICBF. Su andar profesional estuvo siempre acompaรฑado de preparaciรณn constante: se graduรณ como Administradora Educativa en la Universidad San Buenaventura, y realizรณ diplomados y tres especializaciones en las universidades Javeriana, del Bosque y de Pamplona.ย
En la Universidad El Bosque, compartimos aulas, sueรฑos y afectos. Allรญ cultivamos amistad con Neyla Oรฑate, Estela Parada, Lidia Morrรณn, รngel Pรฉrez y Elรญas Niรฑo, compaรฑeros entraรฑables de una formaciรณn donde Rosa brillรณ con su pedagogรญa del amor y su pragmatismo racional.
En 1994 concursรณ por una plaza nacional y la obtuvo. Un aรฑo despuรฉs, en 1995, asumiรณ como directora del Colegio Leyda Garrido de Guerrero, en Maicao, La Guajira. Allรญ, su vocaciรณn encontrรณ cauce fรฉrtil. Fue lรญder, gestora, sembradora de dignidad en aulas que reclamaban esperanza.ย
En el aรฑo 2003, cuando se crearon las instituciones educativas integradas, fue nombrada rectora de la Instituciรณn Educativa N.ยบ 8, con las sedes Perpetuo Socorro, Jorge Eliecer Gaitรกn, Lorenzo Gumercindo Albornoz y Los Laureles. Tambiรฉn fue profesora en centros como el CAI, Camilo Torres Comunal El Carmen (la nocturna), Comunal Mareigua, Colegio Paraรญso, Colegio Jorge Eliecer Gaitรกn y el Liceo Latinoamericano.
Fue una mujer bonita en cuerpo y alma. Su piel clara, su sonrisa divina y sus ojos encantadores componรญan una armonรญa serena que irradiaba paz. Pero mรกs que la belleza externa, en ella vivรญa un alma que sรณlo conocรญa los sentimientos mรกs nobles.ย
El alto concepto de la amistad la acompaรฑรณ siempre: generosa sin alardes, sabia sin pretensiones, cercana sin condiciones.
Y cuando el destino le pidiรณ al compaรฑero de sus dรญas, ella bordรณ su ausencia con hilos de fortaleza y siguiรณ regalando amor sin medida.
Nunca detuvo su marcha. Parecรญa tejida con los hilos invisibles de la resiliencia. En cada pรฉrdida, su respuesta fue mรกs vida, mรกs entrega. Era, como dice la poesรญa del barrio, โuna incansable perseguidora de sueรฑos de colores elevaba su cometa y tras ella corrรญa; un dรญa, mientras corrรญa, le vimos elevar su vida hacia las insondables regiones de la eternidadโ.
Fue farol de patio en pueblo sin electricidad: sencilla, constante y siempre encendida para guiar los pasos de los demรกs. Sembrรณ alfabetos como quien planta esperanza en tierra fรฉrtil, y de sus manos brotaron generaciones con raรญces firmes y miradas que saben brillar.
Amor en sus gestos, amor en su paciencia.
Conversaciรณn en sus miradas, conversaciรณn en sus silencios.
Arte en su manera de enseรฑar, arte en su forma de vivir.
Sol en sus madrugadas, sol en su risa diaria.
Dรญa tras dรญa de entrega, dรญa tras dรญa de ternura.
Brillo en sus ojos, brillo en la huella que dejรณ.
Hoy, el canto de los pรกjaros en su tierra natal parece afinarse en su honor. Las notas del acordeรณn que tanto amรณ le rinden tributo. El olor de las guayabas de la huerta familiar y el sabor dulce de una tarde con jugo de limรณn evocan su presencia sencilla y cรกlida. La piel recuerda el roce de aquellas manos que educaban con dulzura y corregรญan con humanidad.
Por eso se hace justicia. El 7 de mayo, cuando el colegio Perpetuo Socorro reciba su nombre, tambiรฉn recibirรก su espรญritu. A partir de ahora, cada niรฑo que cruce estas aulas llevarรก en su formaciรณn una chispa de Rosa Marรญa. Su memoria serรก savia en los pasillos, caricia en los libros, guรญa en la enseรฑanza.
Y aunque la muerte haya detenido su andar terreno, ella sigue aquรญ. En la flor amarilla que alumbra la carretera de la memoria. En la letra bien trazada del niรฑo que aprende. En la risa que germina en el patio. En la cometa que sigue volando alto, detrรกs del sueรฑo de educar con amor.