TRANSICIÓN ENERGÉTICA: LA PROMESA VARADA EN LA GUAJIRA

POR NEIL MÉNDEZ.

En el extremo norte de Colombia, donde el viento sopla con fuerza casi mística, se esconde una de las grandes paradojas del desarrollo nacional: La Guajira concentra el mayor potencial eólico del país unos 18 Gigavatios (GW), suficientes para iluminar millones de hogares y dar un impulso decisivo a la transición energética del país. Sin embargo, apenas se aprovecha una fracción mínima: hoy solo operan 32 megavatios (MW), menos del 0,2% de su capacidad instalada.

El obstáculo no es de la naturaleza, sino humano. Un enredo de trabas regulatorias, vacíos en Infraestructura y tensiones sociales por beneficios evidencia la desconexión entre las políticas diseñadas en Bogotá y los intereses y realidades vividas en este territorio históricamente marginado.

LAS TRES BARRERAS QUE FRENAN AL VIENTO

1. REGULACIÓN: UN LABERINTO SIN SALIDA

Los proyectos energéticos enfrentan procesos lentos y cambiantes. Trámites ambientales, permisos de conexión y licencias pueden tardar más de cinco años, encareciendo la inversión y espantando a los posibles desarrolladores. Según ACOLGEN (Asociación Colombiana de Generadores de Energía), la incertidumbre normativa y regulatoria cambiante mina la confianza del sector. “No hay señales claras del gobierno”, advierte Natalia Gutiérrez Jaramillo. Presidenta del gremio.

2. INFRAESTRUCTURA QUE NO SOPORTA

La línea de transmisión que debe conectar a La Guajira con el Sistema Interconectado Nacional (SIN) aún es un proyecto distante en su consolidación. Mientras tanto, parques eólicos listos para operar como el proyecto Alpha de EPM permanecen paralizados. El Ministerio de Minas reconoce la urgencia pero no hay una actuación expedita más bien exasperantemente lento; la última subasta paraconstruir esta red de transmisión se aplazó hasta 2024, un nuevo retraso en una larga cadena de postergaciones.

3. CONSULTAS PREVIAS, “CONFLICTOS PRESENTES”

El diálogo con las comunidades Wayuu, esenciales para cualquier intervención en la región, ha sido incorrecto. Las consultas previas, cuando se realizan, suelen ser superficiales y percibidas como meros e incomodos trámites. “Llegan con todo definido, sin entender que para nosotros la tierra no es un recurso, es la vida”, afirma Remedios Fajardo, lideresa indígena.

La desconfianza no es gratuita: La Guajira tiene uno de los índices de pobreza multidimensional más alto del país (67,4%, según el DANE), y los beneficios prometidos empleo, infraestructura y desarrollo rara vez se concretan.

TRANSICIÓN JUSTA: MÁS ALLÁ DE LOS MEGAVATIOS

EL CASO DE LA GUAJIRA CONDENSA UN DILEMA GLOBAL: cómo avanzar hacia un futuro energético sostenible sin repetir las exclusiones del pasado. Colombia no solo debe instalar aerogeneradores; necesita un nuevo modelo de desarrollo para las regiones, modelo que impulse el aprovechamiento de sus mayores potencialidades. CO-CREACIÓN, NO IMPOSICIÓN: Las comunidades deben participar desde el diseño de los proyectos, no solo como receptoras pasivas, sino como socias activas.

Modelos como el parque eólico El Cerrado en Brasil, donde familias locales son accionistas, muestran caminos viables que fortalecen el desarrollo socioeconómico de estas comunidades en el área de influencia de la operación.

RECONVERSIÓN LABORAL: La economía Guajira aún depende del carbón, una industria en declive que paulatinamente reportara pérdidas de puestos de trabajo.

Sin políticas claras de formación en nuevas habilidades, observando otros rubros de la economía local con énfasis en los empleos verdes, la transición puede agravar la desigualdad.

INVERSIÓN PÚBLICA CON ENFOQUE TERRITORIAL: Tan importantes como las líneas de transmisión son las escuelas, los hospitales y la electrificación rural. La energía limpia no será transformadora si no mejora el entorno y la vida cotidiana de las comunidades.

UNA OPORTUNIDAD Y UNA DEUDA HISTÓRICA

El gobierno de Gustavo Petro tiene ante sí una oportunidad única. La reciente reforma a la Ley 2099 de Transición Energética incluye incentivos a la energía eólicaOn Shore y Off Shore, pero su implementación será la verdadera prueba. Resolver los cuellos de botella institucionales, agilizar la burocracia y, sobre todo, saldar la deuda histórica con La Guajira será esencial.

Como advierte el ex viceministro de energía Javier Campillo: “Sin justicia social, la transición será otro nombre para la exclusión”.

EL VIENTO ESTÁ LISTO. ¿LO ESTÁ COLOMBIA?

Nota final: Este artículo busca abrir un debate urgente sobre cómo construir un modelo energético justo e incluyente que no reproduzca las inequidades del pasado. La Guajira no puede ser solo la fuente más abundante de energía limpia del país; debe ser también la protagonista de su propio desarrollo.

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