Por: Tonia Tinoco Siosi
Decidí no responder esta pregunta sola. Reuní voces de hoteleros, restauranteros, operadores turísticos, funcionarios públicos, comunidad local y visitantes. Mi propia mirada se entrelaza con las suyas. El resultado: un retrato crudo pero esperanzador del estado actual del turismo en Riohacha.
Infraestructura: la ciudad que resiste… a medias
Aunque Riohacha cuenta con aeropuerto, terminal terrestre y varias vías de acceso, los bloqueos constantes en carreteras, fallas en los servicios públicos y problemas de movilidad interna generan una sensación de fragilidad estructural.
Los cortes de energía, el agua turbia traída por carrotanques y la basura mal dispuesta en las zonas turísticas afectan tanto la operación como la experiencia del visitante. Un hotelero lo resumió así:
“Tenemos albercas grandes, pero el agua llega solo unos días a la semana. Y la electricidad, cuando se va, nos deja sin plan B.”
La señalización turística es escasa, y el centro histórico luce más abandonado que acogedor. La experiencia de llegar a Riohacha sigue siendo una prueba de paciencia más que una bienvenida estructurada.
Oferta turística: buena gastronomía, pocos productos consolidados
Uno de los puntos fuertes es la gastronomía. Restaurantes formales e informales logran ofrecer platos sabrosos, con identidad y a precios accesibles. Foodies locales han ayudado a visibilizar esa riqueza más allá del malecón.
Sin embargo, la falta de atractivos turísticos estructurados, señalizados y con servicios básicos hace que la experiencia se concentre en la playa y poco más. El Santuario de Flora y Fauna Los Flamencos es una excepción positiva, pero no suficiente.
En temporada alta, los hospedajes colapsan y aparecen operadores informales que, sin preparación, terminan afectando la percepción del destino.
“Muchos turistas se quedan sin opciones reales de qué hacer, y terminan en playas saturadas o en recorridos mal organizados”, comentó una fuente del sector.
Capital humano: mucho talento, poca formalidad
Hay profesionales en turismo, guías capacitados y personas con vocación. Pero el común denominador sigue siendo el informalismo laboral, la baja inversión en formación continua y la falta de oportunidades reales.
Operadores coinciden en que falta hospitalidad genuina, profesionalismo en la atención y cultura turística.
“Aquí muchos ven al turista como dinero. Se olvida la hospitalidad, el buen trato, la ética”, confesó uno de ellos con franqueza.
La falta de contratos formales en hoteles, el poco acceso a capacitaciones privadas y la rotación constante de personal debilitan aún más la experiencia del visitante.
Gestión pública: esfuerzos que aún no se traducen en confianza
Hay avances. Se ha promovido el destino en ferias como ANATO y FITUR, se diseñan nuevas rutas turísticas y se está preparando el Plan Distrital de Seguridad Turística. Pero la percepción general es que falta articulación real entre lo institucional, lo privado y lo comunitario.
“Cada uno trabaja por su lado. Las ideas quedan en papeles, pero no se ejecutan”, dijo un operador.
“La gobernanza turística es débil. Hace falta una visión compartida del turismo como proyecto colectivo y sostenible”, reconoció un funcionario.
El sistema de información turística sigue siendo limitado, y los recursos, insuficientes para consolidar procesos a largo plazo.
Comunidad y turistas: entre el entusiasmo y la frustración
La mayoría de los residentes reconoce que el turismo genera ingresos, dinamiza la economía y da esperanza. Pero también hay inconformidades: basura, ruido, inseguridad, falta de preparación, uso desordenado del espacio público.
Una voz comunitaria lo explicó así:
“Mientras se esté ganando por recibir turistas, todo está bien. Pero en temporada baja, vuelven las quejas. Falta entender el turismo como algo de todos.”
Del lado de los turistas, la mayoría destaca la calidez humana, la belleza natural y la riqueza cultural, pero no pasan por alto los desafíos:
• Manejo deficiente de residuos
• Problemas con el aeropuerto y vuelos
• Falta de información en varios idiomas
• Desnutrición visible de animales callejeros
Aun así, muchos recomiendan Riohacha con convicción y aprecian su autenticidad. El potencial sigue allí. Esperando.
Reflexión final: estamos a tiempo
Riohacha no está completamente lista, pero sí está llamando la atención. Cada vez más visitantes llegan con expectativas altas. Algunos se enamoran, otros se decepcionan. Lo que hagamos hoy definirá si Riohacha se convierte en un destino consolidado o en una oportunidad desperdiciada.
No se trata solo de más turistas, sino de mejor turismo.
No de más discursos, sino de acciones coherentes y sostenidas.
No de esperar que otros lo hagan, sino de asumir el compromiso desde cada rol.
Como profesional del turismo, quiero seguir aportando desde la visión, la estructuración y el análisis. Y como ciudadana, no quiero quedarme callada viendo cómo se nos escapa lo que podría ser nuestro mayor tesoro.