Se puede ser gobierno y se puede ser pueblo, Marta Peralta  Epieyu  el Rostro del Cambio

POR DELIA BOLAÑO

La pluma dorada en esta ocasión plasma la página en blanco con la tinta fina de su pensamiento, inspirada en una dama de damas, senadora de senadoras, una mujer única, ejemplar para las mujeres y hombres guajiros: la senadora Marta Peralta Epieyu. Ayer, 18 de julio, en el municipio de Distracción, La Guajira, ocurrió algo sin precedentes: una audiencia pública convocada por la Comisión Séptima del Senado, liderada con fuerza, sensibilidad y sabiduría por esta digna hija del territorio.

No fue un evento cualquiera. Fue un acto de amor político. Marta Peralta no vino a posar, no vino a figurar. Vino a poner el alma y el cuerpo por su tierra. Vino a acercar el pueblo al gobierno y el gobierno al pueblo. Con ella llegaron ministerios clave: Agricultura, Educación, Vivienda, Igualdad, Transporte Escolar, la Agencia Nacional de Tierras, asuntos indigenas entre otros. Llegó la institucionalidad que tantas veces nos ha sido esquiva, y lo hizo convocada no por un espectáculo, sino por una verdad: La Guajira necesita ser escuchada con dignidad.

Esta pluma dorada quedó impresionada, como tantos guajiros presentes, por la dinámica, la cercanía y el compromiso de esta mujer que rompe el molde de la política tradicional. Porque ayer entendimos que el verdadero obstáculo no es el gobierno nacional. El verdadero problema son los filtros políticos, los egos locales, las trabas administrativas impuestas por diferencias de poder y colores partidistas. Los proyectos se estancan no por falta de voluntad nacional, sino por la omisión, la negligencia o el desinterés de funcionarios municipales y departamentales, más ocupados en cuidar su parcela que en sembrar futuro para su pueblo.

Lo más revelador fue constatar que la ausencia de varios alcaldes fue más estruendosa que su presencia. ¿Por qué no acudieron? ¿Qué les impide acompañar un ejercicio donde el pueblo habla, pregunta y exige con respeto? La respuesta duele: porque aún pesa más la preferencia política que el deber con la gente. Porque cuando no son ellos los protagonistas, prefieren ausentarse antes que sumar.

Pero allí estaba ella. Marta Peralta. Presente, íntegra, sin dobleces. Demostrando que se puede ser gobierno y pueblo a la vez. Que se puede ser mujer y ser fuerza. Que se puede ser senadora sin manejar presupuesto y aún así tener más impacto que muchos con recursos ilimitados. Porque ella gestiona, articula, denuncia, construye puentes y desarma los muros que han querido seguir aislando a La Guajira de sus derechos.

Esta columna no pretende adular por adular. Pretende dejar claro que la Guajira no puede permitirse perder a una senadora como Marta Peralta. Si su curul se pierde, se pierde la voz directa que tenemos en el Congreso. Se pierde la mano que toca la puerta del ministerio por nosotros. Se pierde la mujer que pone su rostro, su palabra y su cargo para que los guajiros sean visibilizados.

La senadora Marta Peralta es un testimonio vivo de que el cambio es posible, de que la política puede doler, sí, pero también puede sanar. Ella ha demostrado que se puede hacer política con corazón, con visión, con responsabilidad. No busca beneficios personales, por eso le temen, por eso la señalan, por eso la quieren silenciar. Pero mientras existan voces como la de esta pluma dorada, ella no será silenciada, será exaltada.

Hoy, desde la tinta de mi conciencia y el honor de mi palabra, dejo constancia: Marta Peralta Epieyu es una joya de la Guajira, y su lucha debe ser también la nuestra. Porque si perdemos esa voz, perderemos mucho más que una senadora. Perderemos esperanza. Perderemos conexión. Perderemos futuro.

Y esta tierra no puede permitirse más pérdidas.

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