Por: Felix Lopesierra Mejia
En los últimos días, se ha generado una polémica en Riohacha por el proponer el derribo de la estatua de Nicolas de Federman en nombre de la reivindicación de la dignidad de los pueblos. Algunos lo consideran un acto de rebeldía sin sentido, otros, un grito histórico para rectificar el rumbo de la memoria colectiva. Pero si en La Guajira el debate es sobre qué figura merece ocupar el centro simbólico de nuestras plazas, es justo decirlo sin rodeos: si hay una estatua que debería derribarse, no por odio sino por coherencia histórica, es la de Simón Bolívar. Y si hay un héroe que merece ser erguido en su lugar, ese es el almirante José Prudencio Padilla.
La historia del Almirante Padilla no solo está ligada al mar Caribe, sino a la esencia misma de nuestra identidad guajira. Nacido en nuestras tierras, formado con rigor, valiente, leal, con una hoja de vida impecable en las guerras de independencia, Padilla no solo fue el brazo naval de la libertad americana, sino también un símbolo de superación frente a las barreras de casta y discriminación racial que imperaban en su época.
Sin embargo, su final fue infame: acusado falsamente de conspiración, víctima de la envidia y de un sistema político que no toleraba que un hombre negro, caribeño, guajiro y brillante, tuviera poder e influencia. Lo asesinaron legalmente, lo condenaron en un proceso amañado, y lo borraron de los libros de historia que solo repiten el nombre de Bolívar como si la libertad hubiera sido obra de un solo hombre. Pero Bolívar, que lo utilizó cuando le fue útil, permitió su muerte con sospechoso silencio.
¿No es hora, entonces, de corregir el rumbo de nuestra memoria histórica? ¿Por qué rendimos honores perpetuos a próceres de otros territorios, mientras seguimos ignorando al mártir ilustre que nació en nuestra tierra y murió por ella? ¿Qué más tenemos que esperar para derribar las estatuas del olvido?
Erigir una estatua de José Prudencio Padilla en cada plaza de La Guajira no es un acto de revancha, es una decisión de justicia. Es enseñar a nuestros hijos que la grandeza también nació aquí, que los verdaderos héroes no necesitan cadenas de bronce sino cadenas de respeto. Es reconocer que dignificar al pueblo guajiro empieza por contarle la verdad: que tuvimos un héroe, que lo mataron por ser brillante y diferente, y que su historia todavía arde como una deuda en el corazón de esta península olvidada.
Hoy, más que nunca, necesitamos derribar monumentos de mentira y levantar símbolos de verdad. José Prudencio Padilla no solo merece estar en nuestros libros, merece estar en nuestras plazas, en nuestras escuelas, en nuestras voces. Y ese sería el primer paso para dignificar, de verdad, al pueblo guajiro.🎯#Felop