POR SAIT IBARRA LOPESIERRA
El reciente anuncio del ministro de Educación, Daniel Rojas, sobre la transformación del Instituto Nacional de Formación Técnica Profesional (INFOTEP) de San Juan del Cesar en una institución universitaria, marca un antes y un después en la historia educativa de La Guajira. Este cambio no es solo un ajuste administrativo o un título más en el organigrama institucional; representa un verdadero hito en el acceso, la equidad y las oportunidades para miles de jóvenes que durante décadas vieron limitada su formación superior a carreras técnicas de corta duración.
La transición de INFOTEP a universidad tiene un profundo significado para municipios como Manaure y Uribia, territorios que han cargado con el peso histórico de la desigualdad educativa, económica y social. Estas comunidades, en su mayoría habitadas por la nación Wayuu, han tenido que enfrentar enormes barreras para acceder a la educación superior.
Hasta ahora, para estudiar una carrera universitaria, muchos jóvenes debían migrar hacia Riohacha, Valledupar, Barranquilla o incluso más lejos, lo que implicaba costos imposibles de cubrir para familias que viven en condiciones de precariedad.
Con la llegada de una universidad de carácter regional, esa realidad puede empezar a cambiar. Que INFOTEP tenga presencia académica y proyección en Manaure y Uribia significa acercar el conocimiento y las oportunidades de formación a donde más se necesitan. Esto no se limita a abrir programas de licenciaturas o ingenierías, sino también a ofrecer propuestas ajustadas a la realidad cultural, social y económica de estos territorios.
Programas en gestión comunitaria, administración de recursos naturales, salud pública, pedagogía intercultural y emprendimiento social, por ejemplo, serían una respuesta directa a las necesidades de estas poblaciones.
La presencia universitaria también puede convertirse en un catalizador de desarrollo económico local. En municipios como Manaure, reconocidos por la producción de sal marina, y Uribia, capital indígena de Colombia, contar con profesionales formados en sus propias comunidades permitirá fortalecer procesos productivos, tecnificar actividades tradicionales y generar nuevos proyectos que integren el conocimiento científico con los saberes ancestrales. El conocimiento, en este sentido, no sería un factor de desarraigo, sino una herramienta para consolidar identidades y dinamizar economías locales.
El ministro Daniel Rojas fue enfático en que este salto hacia la universidad se enmarca en una apuesta nacional por democratizar la educación superior, sacándola de los centros urbanos y acercándola a las regiones que históricamente han sido olvidadas. En el caso de La Guajira, el reto es mayúsculo: no se trata únicamente de abrir cupos, sino de garantizar calidad educativa, pertinencia cultural, infraestructura adecuada y un cuerpo docente que comprenda la diversidad del territorio.
Sin embargo, no se puede caer en el triunfalismo. El paso de técnica a universidad conlleva desafíos enormes. Primero, asegurar que los programas académicos respondan a las realidades del territorio y no sean simples réplicas de los modelos de otras regiones.Segundo, garantizar que los jóvenes no solo ingresen a la universidad, sino que permanezcan y culminen sus estudios, lo que implica acompañamiento económico, becas, bienestar universitario y un enfoque diferencial que atienda las condiciones de los estudiantes indígenas. Tercero, trabajar en estrecha articulación con los gobiernos locales, las comunidades wayuu y las organizaciones sociales para que esta universidad se convierta en un proyecto colectivo y no en una isla académica.
Aun con estas dificultades, la transformación de INFOTEP es motivo de esperanza. Es la materialización de una demanda largamente aplazada: que la educación superior llegue hasta el corazón de La Guajira y se convierta en motor de cambio social. Manaure y Uribia, municipios marcados por la exclusión, encuentran en esta decisión una oportunidad para que sus jóvenes sueñen con ser profesionales sin renunciar a su territorio.
En un departamento donde la falta de oportunidades ha sido caldo de cultivo para problemáticas como la deserción escolar, el desempleo juvenil y la migración forzada, el anuncio del ministro Rojas abre la posibilidad de un nuevo horizonte. La universidad no es un fin en sí mismo, pero sí un punto de partida para imaginar un futuro distinto: uno donde la educación no sea un privilegio, sino un derecho real y accesible.
La historia juzgará si esta transformación de INFOTEP logra romper las cadenas de desigualdad que han marcado a La Guajira. Por ahora, lo que queda es celebrar el inicio de un camino que, si se recorre con responsabilidad, puede darle a Manaure, Uribia y a toda la región una nueva oportunidad de esperanza.

