Desde el exilio hasta el Congreso – Karmen Ramírez Boscán y su lucha por la migración digna

Bajo el implacable luna guajira entre palmas secas y el murmullo persistente del viento, Karmen Ramírez Boscán toma la palabra en un foro internacional que, contra todo pronóstico, ha logrado reunir a representantes de 34 estados en un rincón históricamente marginado del país: La Guajira.

La representante a la Cámara por la circunscripción internacional no oculta su emoción ni su orgullo. “El mundo tiene los ojos volcados hacia La Guajira”, afirma. Y tiene razón. Hoy se discute en Riohacha sobre migración y desarrollo en una frontera marcada por la desigualdad, la pobreza y el olvido institucional.

En medio de aplausos y saludos, Karmen felicita públicamente al alcalde Genaro por su capacidad de convocatoria y organización. “A veces la gente no cree, habla demasiado, pero aquí se demuestra que cuando hay voluntad política, las cosas se logran”, dice. Su tono es firme, como quien ha tenido que gritar para ser escuchada.

De la defensa de los derechos a la curul internacional

Ramírez Boscán no nació política. Su trayectoria comenzó desde el dolor y la resistencia. Fue defensora de derechos humanos, escritora y testigo directa de la violencia paramilitar que ha asolado a su comunidad: la nación Wayuu. “En el año 2000 comenzaron a asesinar a mi familia”, recuerda con voz quebrada pero segura. Publicó un libro, Desde el desierto, en el que narró esa crudeza sin filtros.

Tuvo que exiliarse. Su vida, como la de tantos otros líderes sociales, se convirtió en objetivo militar. En Suiza, lejos de casa pero cerca de su causa, encontró en la comunidad migrante un apoyo inesperado: “Fue la gente en el exterior la que me propuso lanzarme al Congreso. Pasé cinco consultas y gané todas.”

Hoy representa a 10 millones de colombianos y colombianas en el exterior, una cifra que contrasta brutalmente con su limitada representación: una sola curul en el Congreso de la República.“Deberíamos tener al menos 18. Presentamos un proyecto de ley para ampliar la participación, pero lo han hundido tres veces”, denuncia.

Crisis consular, inteligencia artificial y mujeres en riesgo

Carmen no se queda en el discurso. Ha presentado proyectos para mejorar la atención consular usando inteligencia artificial y eliminar intermediarios que lucran con las necesidades de los migrantes. 

Pero hay un tema que la atraviesa de manera personal: la violencia contra mujeres colombianas en el exterior.

Ella misma fue víctima del sistema suizo. “Querían quitarme a mis hijos porque pensaban que no podía criarlos como una mujer indígena en una sociedad europea. Fue mi esposo suizo quien les dijo: ‘Estos hijos también son míos’. Si no, me los hubieran arrebatado.”

Ahora impulsa la creación de Círculos Consulares de Atención a Violencias Basadas en Género, una iniciativa que busca abrir espacios seguros para mujeres colombianas fuera del país. “Ya tenemos algunos en marcha, pero la meta es que estén en todos los consulados.”

Un llamado al territorio y al futuro

El mensaje final de Carmen es tan contundente como maternal. A su gente en La Guajira les pide que dejen atrás el “síndrome del coronel”, esa ilusión de vivir de un solo negocio o favor político. “Hay que trabajar con dignidad, aprovechar el potencial de nuestra gente.”

A quienes sueñan con migrar les recomienda hacerlo informados. “Demasiados han regresado en un cajón o convertidos en cenizas. No puede ser que para muchos migrar sea casi una sentencia.”

Y a los 10 millones de colombianos en el exterior, les lanza un reto: “Esta curul se ha ganado con trabajo, sin corrupción, sin clientelismo. Y vamos a seguir luchando para que migrar no sea un castigo, sino un derecho digno y humano.”

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