El guerrero del magisterio guajiro: José Deluque Mendoza partió en silencio

En la tarde serena de Ríohacha, mientras el sol se apagaba sobre la Troncal del Caribe, dejó de latir el corazón del profesor y líder social José Deluque Mendoza, un hombre cuya vida estuvo marcada por la docencia, la lucha comunitaria y la defensa incansable de la cultura guajira. 

Su deceso se produjo en la Clínica Cedes, donde permanecía bajo atención médica debido a quebrantos de salud que venía enfrentando en los últimos meses.

Deluque Mendoza fue más que un educador. Durante décadas, su voz resonó en las aulas del municipio de Dibulla y a lo largo de la Troncal del Caribe, formando generaciones enteras de estudiantes y dejando una huella profunda en el magisterio guajiro. 

Sus compañeros, exalumnos y dirigentes comunitarios lo recuerdan como un hombre íntegro, promotor del diálogo como herramienta de transformación social y defensor de la identidad cultural del territorio.

“Fue un guerrero que murió en silencio”, expresó uno de sus familiares más cercanos, aludiendo a la serenidad con que enfrentó sus últimos días. En un emotivo mensaje, lo describió como “un gladiador, un hombre que luchó sin descanso, cuyo espíritu ahora habita en el silencio que solo es interrumpido por los coros celestiales”.

El relato íntimo de sus allegados revela no solo al docente, sino también al hombre de carne y hueso: soñador, político, apasionado, con un empuje arrollador que lo convirtió en un líder natural. Atrás quedaron, dicen, las amarguras y desamores propios de la vida, pero permanece su risa, su fuerza y su legado.

A su lado permanecieron hasta el final su esposa Adelfa Galván, sus hijas Anyelis y Yelitza, y sus nietos, a quienes hoy la comunidad acompaña en su duelo. “Refugiarse en Dios añade fortaleza”, afirman, confiados en que el ejemplo de Deluque Mendoza seguirá iluminando a las generaciones venideras.

La muerte de José Deluque Mendoza no es solo la partida de un maestro, sino la despedida de un guerrero social, un símbolo de resiliencia y compromiso con la educación y el desarrollo de La Guajira. Su adiós silencioso se convierte ahora en eco de su vida: un pacto de paz tras una existencia de lucha.

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