POR SAIT IBARRA LOPESIERRA
Durante el marco de las festividades en el municipio de Barrancas, La Guajira, se convirtió en el escenario principal de una serie de foros estratégicos que congregaron a líderes comunitarios, autoridades locales, académicos, empresarios y jóvenes con una meta común: pensar y proyectar el futuro del departamento desde una mirada participativa, crítica y constructiva.
Estos encuentros no solo sirvieron como espacios de debate, sino como verdaderos laboratorios de pensamiento colectivo, donde se abordaron temas fundamentales para el desarrollo sostenible de La Guajira, tales como la transición energética, y diversificación productiva. Barrancas, reconocida históricamente por su vocación minera, asumió en estos foros un rol protagónico como territorio de transformación, donde se discutió cómo pasar de la dependencia extractiva a un modelo de desarrollo integral que promueva la equidad, la innovación y la sostenibilidad. Los participantes coincidieron en que el futuro de La Guajira no puede seguir dependiendo de los recursos del subsuelo, sino del talento humano, la cultura y el conocimiento de su gente.
Uno de los puntos más relevantes fue el llamado a fortalecer las capacidades locales y empoderar a las comunidades en la toma de decisiones. Los asistentes insistieron en la necesidad de una política pública departamental que trascienda los periodos de gobierno y dé continuidad a los proyectos que surgen de estos espacios de diálogo.
Además, se destacó la importancia del trabajo interinstitucional: universidades, entidades públicas, sector privado y organizaciones sociales deben avanzar de manera articulada para que las propuestas no queden en el papel. Los foros mostraron que La Guajira tiene voces diversas, pero con una misma visión: construir un territorio con oportunidades reales y bienestar para todos.
Desde una perspectiva personal, considero que lo ocurrido en Barrancas representa una nueva etapa de madurez política y social para el departamento. Estos espacios deben mantenerse, fortalecerse y replicarse en otros municipios, porque el desarrollo guajiro no se puede diseñar desde los escritorios en Riohacha o Bogotá, sino desde las comunidades mismas, que conocen sus realidades, sus carencias y sus potencialidades.
Barrancas ha demostrado que cuando se convoca al diálogo con propósito, La Guajira responde con compromiso y esperanza. Este municipio, que alguna vez fue símbolo de extracción, hoy se erige como símbolo de construcción colectiva, donde se tejen las ideas que podrían marcar el rumbo de todo un territorio.
La Guajira no necesita más diagnósticos, sino decisiones compartidas, coherencia institucional y voluntad política. Si los foros de Barrancas logran convertirse en el punto de partida de una agenda regional con visión a largo plazo, habrán cumplido su propósito: sembrar las semillas del cambio que nuestro departamento tanto anhela y merece.

