El liceo Nacional Almirante Padilla rindió homenaje póstumo al profesor Manuel Sierra Pimienta

Por: César Castro Hernández

En un acto solemne, sobrio y pleno de gratitud y reconocimiento, los directivos-docentes, los docentes, personal administrativo, hijos y demás familiares, se dieron cita en el aula múltiple del Liceo Nacional Almirante Padilla para poner en alto la memoria de quien fuera un ejemplo de superación personal, de rendir culto a la amistad, de amor a la familia y entrega al estudio. Ese ejemplo quedó grabado en la memoria de todos los que tuvieron la oportunidad de conocerlo y tratarlo y, en especial para quienes fueron sus estudiantes. Porque Manuel Sierra Pimienta fue mucho más que un profesor, fue un maestro. Maestro de matemáticas y maestro en el arte de vivir superando obstáculos que se le fueron presentando en el devenir de su vida.

En el evento se hizo el lanzamiento oficial del libro “Pensamiento y Gestión de Manuel Sierra Pimienta, una Realización Gratificante” escrito por quien fuera su alumno, su amigo y hoy docente del Liceo Padilla, Isidro Ojeda Sierra. También hizo presencia y se mostró muy agradecido Manuel Sierra Deluque, el hijo que tomó la bandera de toda la visión educativa, formativa y de desarrollo económico y social que dejó su padre al fallecer.

También cabe destacar la presencia del ingeniero, Eloy Berty Moscote, rector del Liceo Padilla y quien escribió el prólogo del libro. Le acompañó el profesor Wilson Mendoza Argote, docente de matemáticas y quien hizo uso de la palabra en representación de los docentes.

El maestro de ceremonia y presentador fue el reconocido locutor y periodista Edgar Ferrucho Padilla, quien no solamente hizo gala del dominio de su profesión; sino que, expresó con orgullo el hecho de haber sido discípulo del profesor Manuel Sierra Pimienta durante sus años de estudios de bachillerato en la Divina Pastora y en el Liceo Padilla. En el escenario, Ferrucho Padilla fue acompañado por la docente Yelin Gómez Herrera.

La vida de un coloso

Si algo quedó claro en el desarrollo de este importante evento es que no hubo el tiempo suficiente para hilar delgado sobre la vida y obra de Manuel Sierra Pimienta. Fue un coloso. Un hombre que desde muy pequeño mostró su talento y capacidad para vivir por encima de las circunstancias. Con apenas 3 meses de nacido, en brazos de su madre Silvina y el apoyo de su padre Julio, cruzó La Guajira a lomo de mula para llegar desde su natal Urumita hasta Riohacha. Eso no lo hace cualquiera. Y en Riohacha creció como un amante de los libros y particularmente de las matemáticas. Eran tiempos difíciles. No era fácil salir de Riohacha. La enorme mole de la Sierra Nevada de Santa Marta, separaba por tierra a la capital guajira del resto del país.

Eso no fue obstáculo para el joven Manuel. Después de terminar sus estudios primarios en la Divina Pastora, cruzó por mar la distancia que separa a Riohacha de Santa Marta y cursa sus estudios secundarios en el legendario Liceo Celedón. El apoyo de sus padres fue fundamental y de vuelta a Riohacha, fortalece mucho más sus conocimientos pedagógicos y didácticos. Se vincula como director de la Escuela de Varones de Manaure, en La Guajira. Era el año 1952. Posteriormente el Ministerio de Educación Nacional lo nombra como profesor de matemáticas del Liceo Padilla, en donde laboró hasta finales de 1960. Después trabajó durante un año como docente en Venezuela y a su regreso se vincula como profesor de matemáticas en la Divina Pastora y termina su actividad como docente entre 1968 y 1973 en el Liceo Padilla.

Del magisterio al liderazgo social

Contrario a lo que podría llegar a pensarse en el imaginario social, en el sentido de que un docente labora hasta pensionarse y retirarse a sus cuarteles de descanso, con Manuel Sierra Pimienta pasó todo lo contrario. A su retiro de la docencia y con un gran reconocimiento social a su preparación académica, asume con liderazgo inigualable la titánica tarea de sacar adelante, al mismo tiempo, a dos empresas que daban sus primeros pasos en la capital guajira:  La Cámara de Comercio y la Caja de Compensación Familiar de La Guajira, Confamiliar. 

Y eso que vemos hoy como empresas de reconocido prestigio y fortaleza, fueron abonadas con el esfuerzo y el empeño que les imprimió Manuel Sierra Pimienta con una visión futurista fuera de concurso. Ahí está la Cámara de Comercio, como la entidad que, día a día, le toma el puso al crecimiento económico y social al departamento de La Guajira y Confamiliar, que apoya a los trabajadores y con un fuerte apoyo a la educación y, recientemente, asumió la asistencia médica de los docentes del magisterio guajiro.

Manuel Sierra Pimienta estuvo y su memoria estará presente en todos los grandes sucesos que impactan y seguirán impactando positivamente a este terruño al que tanto quiso.  Su firma, siendo concejal de Riohacha, quedó estampada en el documento propuesto por José Ignacio Vives Echeverría para darle vida jurídica a lo que fue a partir del 1 de julio de 1965 el Departamento de La Guajira. En las primeras elecciones del recién creado departamento, Manuel Sierra Pimienta se convierte en diputado, fortaleciendo su liderazgo y presencia político-administrativa en su tierra natal.

El pensamiento político de Manuel Sierra Pimienta

En este año político, queremos cerrar esta reseña con el pensamiento político de este gran coloso guajiro. Dejó dicho: » Se muestra con frecuencia, que, al comparar la propuesta del aspirante político con los resultados de su gestión, se observa como que si fuesen como dos líneas paralelas, cada vez más distantes, divorciadas de un compromiso ético consigo mismo y con las comunidades”. Dicho está.

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