Bajo un inclemente sol guajiro donde el paisaje se mezcla entre el desierto con los cactus, trapíos y el vuelo elegante de miles de aves, un grupo de empleados y la comunidad wayuu de Planamaná se reunió a pocos kilómetros de Riohacha para conocer una estrategia que busca proteger a uno de los símbolos naturales más importantes de la región: el flamenco rosado por parte de la empresa Enlaza, filial del Grupo Energía Bogotá (GEB), que viene consolida en La Guajira su estrategia integral de conservación del Flamenco Rosado del Caribe, una especie emblemática del departamento y de la región norte del país.
Adriana Delgado Chávez, líder ambiental de la regional Norte de Enlaza, quien relató cómo nació la iniciativa conocida como Plan Eco flamenco una estrategia que busca proteger a esta emblemática especie mientras se desarrollan proyectos energéticos en el territorio.
Según explicó Delgado Chávez el origen de este plan se remonta al año 2023, cuando el Grupo Energía Bogotá comenzó a operar la línea de transmisión Riohacha a Cuestecitas. Fue entonces cuando surgió una preocupación inesperada.
“Cuando entramos en operación de la línea, identificamos que algunos flamencos estaban colisionando con las líneas eléctricas”, explicó la líder ambiental ante los asistentes.
La empresa Enlaza puso en marcha un piloto de investigación que permite evaluar la efectividad de desviadores de vuelo luminiscentes, que visibilizan nuestra infraestructura en la línea Riohacha Cuestecitas 110kV . Con este objetivo, en el 2024 la compañía instaló 300 dispositivos luminiscentes tipo HawkEye; 200 dispositivos tipo FireFly, e incorporó un tercer sistema, ACAS (luz ultravioleta), para comparar su efectividad a partir de dos monitoreos anuales que se realizan con el apoyo y vinculación de 12 comunidades wayuu, con la participación y formación de 24 monitores comunitarios que participan en el conteo de flamencos con el uso de visores nocturnos en jornadas de observación que durante 8 días completan 24 horas de verificación en diferentes periodos de oscuridad.
El hallazgo encendió las alarmas.
No se trataba de cualquier ave. El flamenco rosado es una especie emblemática de La Guajira, especialmente del Santuario de Fauna y Flora Los Flamencos, una de las áreas protegidas más importantes del Caribe colombiano.
A partir de ese momento, la empresa decidió ir más allá de mitigar el impacto de la infraestructura eléctrica. El objetivo se transformó en algo más ambicioso: construir una estrategia integral para la conservación de la especie.
Cuatro pilares para proteger al flamenco
El Plan Eco flamenco se estructura sobre cuatro pilares fundamentales, diseñados para abordar la problemática desde diferentes frentes ambientales y sociales.
El primero es un piloto de investigación de desviadores de vuelo, tecnología instalada en las líneas eléctricas para evitar que las aves choquen con los cables.
El segundo pilar está enfocado en el fortalecimiento comunitario, mediante programas de capacitación que buscan promover el ecoturismo en la región.
“Estamos trabajando con las comunidades en formación para el avistamiento de aves y el ecoturismo de naturaleza, principalmente en el santuario de Los Flamencos”, explicó Delgado.
La idea es que las comunidades locales encuentren en la biodiversidad una oportunidad económica sostenible, vinculando la protección ambiental con el desarrollo social.
El tercer componente es el marcaje satelital de flamencos, un proyecto que comenzará a ejecutarse en 2026 y que permitirá rastrear los movimientos de estas aves.
La iniciativa contempla colocar dispositivos GPS a cinco individuos para estudiar sus rutas migratorias.
“Queremos saber si los flamencos realmente migran desde Venezuela hasta Colombia o si también lo hacen desde Aruba. Ese es uno de los grandes interrogantes que buscamos resolver”, señaló la líder ambiental.
El cuarto pilar corresponde al pago por servicios ambientales, una estrategia de restauración ecológica en la cuenca alta del río Camarones.
Este río es fundamental para la supervivencia del ecosistema, ya que abastece de agua dulce a las lagunas del santuario donde se alimentan los flamencos rosados.
El problema de las colisiones
El punto central fue conocer de cerca el sistema que busca evitar que las aves choquen con las líneas de transmisión.
En un principio, la empresa había instalado desviadores de vuelo tipo espiral, dispositivos que durante décadas se han utilizado en redes eléctricas alrededor del mundo.
Sin embargo, los resultados no fueron los esperados.
“Nos dimos cuenta de que los flamencos no estaban viendo esos desviadores”, explicó Delgado Chávez.
La investigación reveló una razón científica sorprendente: las aves no observan el mundo de la misma manera que los humanos.
Mientras las personas utilizan una visión binocular con ambos ojos al frente muchas aves utilizan visión monocular, es decir, cada ojo observa hacia un lado distinto.
Además, los flamencos suelen volar en condiciones de poca luz, especialmente al amanecer, al atardecer o durante la noche.
Ese comportamiento hacía prácticamente invisibles los cables eléctricos.
Desde una torre de aproximadamente 52 metros de altura, el sistema ilumina el cable a lo largo de casi cuatro kilómetros, permitiendo que los flamencos identifiquen el obstáculo y desvíen su trayectoria.
Los resultados, hasta ahora, han sido alentadores.
De acuerdo con los monitoreos realizados desde 2024, no se han registrado nuevas colisiones en los tramos donde se instalaron estos dispositivos.
“Hasta la fecha tenemos una efectividad cercana al 100 %”, señaló el equipo técnico.
Sin embargo, el proyecto continuará en fase de investigación durante dos años más para confirmar la efectividad de estas tecnologías.
La ciencia llega de la mano de la comunidad
Pero el verdadero corazón del proyecto está en la participación de las comunidades.
Habitantes de la zona han sido capacitados como monitores ambientales para realizar seguimiento permanente a las aves y a las líneas eléctricas.
Uno de ellos es Agustín de Armas, integrante de la comunidad Planamaná, ubicada en el kilómetro 20 de la vía.
Con orgullo, relató la experiencia que han vivido desde que comenzó el proyecto.
“Ha sido muy satisfactorio para nosotros. Antes hubo algunos casos de colisiones, pero desde que se instaló esta tecnología no hemos vuelto a registrar choques de los tococos”, dijo, utilizando el nombre con el que los habitantes locales llaman a los flamencos.
Los monitores realizan recorridos diarios en diferentes horarios, desde las seis de la mañana hasta la madrugada, inspeccionando torres y cables.
Cada diez minutos avanzan aproximadamente veinte metros, observando cuidadosamente el terreno en busca de rastros de aves.
También utilizan binoculares nocturnos para registrar el paso de bandadas en horas de poca luz.
Toda la información se registra en planillas y luego se reporta al equipo socioambiental.
“Las capacitaciones las recibimos en Riohacha y también aquí en la comunidad. Nos enseñaron teoría y práctica para hacer el monitoreo”, explicó De Armas.
Un símbolo natural de La Guajira
Durante la jornada también hubo espacio para compartir curiosidades sobre estas aves que cada año atraen la mirada de científicos y turistas.
Contrario a lo que muchos creen, los flamencos no nacen rosados.
Al nacer, su plumaje es gris o blanco. El característico color rosado aparece después, debido a su alimentación basada en algas y pequeños crustáceos ricos en carotenoides.
También se destacó su comportamiento social, ya que viven en grandes colonias que pueden reunir miles de individuos en una misma laguna.
Y quizá una de las imágenes más icónicas: los flamencos descansando sobre una sola pata.
“Cuando los vemos así, en realidad están durmiendo”, explicó Delgado entre sonrisas.
Una inversión para la conservación
La estrategia completa representa una inversión superior a 11 mil millones de pesos, destinada a investigación, tecnología, restauración ambiental y trabajo comunitario.
Más que un proyecto aislado, el Plan Amenco busca convertirse en un modelo de coexistencia entre desarrollo energético y conservación de la biodiversidad.
Mientras el sol comenzaba a descender sobre el paisaje guajiro, el grupo se dirigió hacia la torre número 58 para observar el sistema ACAS en funcionamiento.
Allí, entre cables que se pierden en el horizonte y el vuelo silencioso de las aves al caer la tarde, la tecnología intenta hacer algo simple pero fundamental: que los flamencos puedan seguir volando libres sobre las lagunas de La Guajira.
“Proteger al Flamenco Rosado del Caribe es parte de nuestro compromiso con la biodiversidad y con las comunidades en La Guajira. Esta estrategia integra innovación, ciencia y participación comunitaria para lograr resultados concretos en su conservación, mientras garantizamos la confiabilidad del servicio eléctrico en la región”, señaló Fredy Zuleta, gerente General de Enlaza.
Con esta estrategia, “la empresa reafirma su compromiso con el desarrollo sostenible, demostrando que la infraestructura eléctrica puede coexistir y de hecho fortalecer la biodiversidad, cuando se gestiona con responsabilidad, rigor técnico y trabajo articulado con el territorio”, finalizó