Por Jhon Jairo Cataño.
Las cifras del año 2025 son un llamado de atención urgente, no son simples estadísticas; detrás de cada número hay una familia afectada, un comerciante intimidado, un joven asesinado, un conductor que perdió el vehículo con el que sostenía su hogar o unas víctimas que ya no creen en las autoridades.
De acuerdo con datos de la Policía Nacional, en el distrito de Riohacha durante 2025 se registraron 391 hurtos a personas, convirtiéndose en el delito de mayor impacto cotidiano. Además, 208 motocicletas fueron hurtadas, 97 personas fueron asesinadas, 71 casos de extorsión fueron denunciados y 30 vehículos fueron robados.
No son una cifra menor, si se tiene en cuenta que desnudan una realidad de la ciudad que viven muchas familias a diario, el delito no solo roba celulares, motocicletas o vehículos. También roba confianza, libertad y oportunidades.
El hurto a personas ya no distingue edad, profesión, ni condición económica, cualquier ciudadano puede convertirse en víctima mientras descansa en la terraza de su casa, espera el transporte, sale de trabajar o simplemente camina por una calle del centro o de cualquier barrio.
Lo más grave es que estos delitos modifican el comportamiento de la gente, cuando una persona deja de salir por miedo, un comerciante cierra temprano, cuando una familia decide no visitar determinados sectores, cuando un inversionista busca otro lugar para establecer su empresa, el delito ya no afecta solamente a la víctima. Empieza a afectar la vida económica de toda la ciudad.
El caso del hurto de motocicletas merece una atención especial, más de doscientas motocicletas robadas significan mucho más que vehículos desaparecidos. En Riohacha, las motocicletas representan el transporte del trabajador, del mototaxista, del estudiante, de la madre que trabaja, del pequeño comerciante y del padre que lleva el sustento a su hogar, cada motocicleta robada es una familia golpeada económicamente.
Pero quizá el dato más doloroso sea el de los homicidios, noventa y siete vidas perdidas representan mucho más que una cifra, cada homicidio deja hijos sin padres, madres sin hijos, familias destruidas y comunidades marcadas por el conflicto. Cuando una ciudad registra casi un centenar de homicidios en un año, el problema deja de ser exclusivamente policial y se convierte en un problema de orden social, institucional y político.
A lo anterior se suma la extorsión, setenta y un denuncias parecen muchas, sin embargo, quienes conocen esta realidad saben que se trata de un sub registro, que el verdadero número es mayor, lo que sucede es que muchos comerciantes simplemente no denuncian y prefieren guardar silencio por temor a represalias.
Lo más preocupante no es únicamente el crecimiento del delito, lo verdaderamente alarmante es que la ciudadanía empiece a resignarse porque tiene miedo, dejando de exigir resultados a las autoridades y en ocasiones asumiendo de manera directa o indirecta las justicia por mano propia.
Riohacha necesita mucho más que operativos ocasionales o acciones de coyuntura mediatizadas a través de las redes sociales, Riohacha necesita constituirse en una ciudad incómoda para el delito a través de una política integral de seguridad y para eso hay que tener liderazgo y voluntad política por parte de las autoridades locales.
Es urgente para el Distrito tanto en la zona urbana y como en la rural de una política de seguridad que vaya mucho más allá de responder a situaciones cuando ya han ocurrido. Se requiere más y mejor inteligencia de la fuerza pública, fortalecimiento de la investigación criminal, articulación efectiva con la Fiscalía, tecnología para la prevención del delito, recuperación del espacio público y programas sociales que reduzcan los factores que alimentan la violencia en los barrios de la ciudad.
La seguridad no es solo policía y ejército como normalmente se puede pensar, la seguridad también es educación de calidad, es deporte y cultura para nuestros niños y niñas y adolescentes, la seguridad es oportunidades laborales para nuestros jóvenes, para las madres cabezas de hogar, para la población en edad de trabajar, la seguridad es infraestructura que estimule la competitividad de la ciudad.
Riohacha merece dejar de ser noticia por sus problemas de seguridad y empezar a ser reconocida por su capacidad para superarlos. Ese es el compromiso que deben asumir las instituciones y las autoridades distritales respaldadas con decisiones firmes y resultados concretos.
Es hora de recuperar la confianza.


