- “Estas nuevas expresiones entienden que la batalla política también se libra en los medios de comunicación, las redes sociales, las universidades y la cultura”
Por Roger Mario Romero Pinto
La derecha no nació como un manifiesto ni con un partido. Simplemente surgió el 23 de junio de 1789, cuando los diputados que querían conservar los privilegios del régimen se sentaron a la derecha del presidente de la asamblea nacional francesa. De manera equivocada la opinión pública manifiesta que su origen lo encontramos en los discursos de los líderes mundiales Trump, Bolsonaro, Milei o Meloni entre otros.
Veamos. Comprender esa evolución resulta indispensable para analizar por qué, en pleno siglo XXI, esta corriente vuelve a ocupar un lugar protagónico en las democracias occidentales. Durante décadas, hablar de la derecha política era relativamente sencillo al identificarla con la defensa del libre mercado, la reducción del Estado, el orden público, el fortalecimiento de la familia tradicional y un profundo anticomunismo. Sin embargo, no existe una única derecha, encontramos una derecha liberal, una conservadora, una nacionalista y hasta otra denominada «nueva derecha», cuya fuerza no radica únicamente en sus propuestas económicas, sino en la capacidad de interpretar los cambios culturales que inquietan a buena parte de la sociedad.
El ascenso del presidente Donald Trump en Estados Unidos marcó un punto de inflexión. Más que una victoria electoral, representó una ruptura con el establecimiento conservador republicano tradicional ya que con su slogan Make America Great Again “MAGA” convirtió asuntos como la inmigración, la identidad nacional, la soberanía económica y la oposición a lo que denominó la «corrección política» en los ejes centrales de su discurso. La política dejó de girar exclusivamente en temas tradicionales como el aumento de impuestos o crecimiento económico para trasladarse al terreno de las guerras culturales.
Ese fenómeno encontró eco en otros lugares del mundo. Por ejemplo, en Argentina, el presidente Javier Milei construyó un movimiento que combina un liberalismo económico radical con una fuerte crítica al progresismo cultural, al intervencionismo estatal y a las élites políticas tradicionales. Esa narrativa antisistema logró conectar con una ciudadanía agotada por la inflación, la corrupción y el deterioro institucional. Así mismo, Brasil vivió un proceso similar con el expresidente Jair Bolsonaro donde encontró un amplio electorado dispuesto a respaldar proyectos que reivindicaran la autoridad, identidad nacional y el orden sin embargo, su gobierno estuvo rodeado de controversias.
En Europa, encontramos el gobierno encabezado por la presidente italiana Giorgia Meloni en la que se muestra una nueva derecha europea buscando combinar el respeto por las instituciones democráticas con una defensa más firme de la soberanía nacional, el control migratorio y las tradiciones culturales.
A diferencia de la antigua derecha, estas nuevas expresiones entienden que la batalla política también se libra en los medios de comunicación, las redes sociales, las universidades y la cultura. Por ello, incorporan herramientas modernas de comunicación, utilizan con eficacia las plataformas digitales y entienden que la opinión pública se construye ahí como en el congreso o parlamento.
Ahora bien, lo interesante de esta nueva corriente no es sólo por el liderazgo de figuras carismáticas sino porque transforman el descontento popular y agotamiento de los partidos tradicionales en respuestas a las preocupaciones cotidianas de los ciudadanos tales como la inseguridad, la inmigración irregular, la pérdida de valores tradicionales, el desempleo y el costo de vida.
En suma, el verdadero desafío consiste en determinar si este fenómeno representa una transformación permanente o un ciclo político asociado al desgaste de otros espectros ideológicos que resultan insuficientes para explicar las nuevas divisiones sociales. Hoy las disputas giran alrededor de identidad, soberanía, valores tradicionales, libertad de expresión, inmigración y cultura.


