Transporte étnico wayúu

Por: Isidro Daniel Ibarra Fernández

El pueblo wayúu, en su andar histórico y cultural, ha estado profundamente ligado a un tipo de transporte que marcó época: los buses escalera, similares a los utilizados en el suroccidente colombiano por comunidades campesinas e indígenas. Estos vehículos, conocidos por su colorido y por la capacidad de adaptarse a caminos difíciles, llegaron a la península de La Guajira hacia la década de 1940, abriendo nuevas rutas de comunicación y comercio en un territorio atravesado por trochas, polvaredas y estaciones de lluvia que transformaban los viajes en verdaderas travesías.

Los buses escalera llamados «chirrincheras’ porque transpotaban esa apetitosa bebida; no solo conectaron internamente a las rancherías con los poblados de Uribia, Maicao y Riohacha, sino que también tuvieron un papel crucial en  El sector de Ziruma, lugar que , se convirtió en un nodo estratégico. Desde allí, los wayúu se proyectaban hacia el resto de Venezuela, que por entonces vivía su época dorada gracias a la explotación petrolera, la expansión urbana y la industrialización. Aquella coyuntura dio origen a lo que muchos recuerdan como el “sueño maracaibero”, una ola migratoria wayúu que buscaba mejores oportunidades en la ribera oriental del lago de Maracaibo, sin dejar de mantener fuertes vínculos con su tierra ancestral.

En este contexto surge luego el importante  puerto de Shawantamana, cuyo nombre se traduce como “los que permanecen de pie”. Allí llegaban los vehículos provenientes tanto de la Guajira colombiana como de la venezolana para abastecerse de productos de primera necesidad: alimentos, combustible, cerveza Polar o Para Negra, está última muy apreciada por los viajeros, entre ellos recordados personajes wayúu como Aja Ware. Sin lugar a dudas un personaje de wüimpümüin marco un hito en la historia, por ser uno de los abanderados en la organización como empresas transportadoras de este tipo de vehículo, como fue el recordado Benito Castillo. 

Pirüachon( Los Filluos) era también punto de encuentro de viajeros wayúu, en los alrededores de este terminal improvisado existían  un comercio gastronómico, donde se ofrecían platos tradicionales como yajaushi pescado frito, pollo asado y kojosü , que acompañaban las conversaciones y los intercambios comerciales.

En Maico’u e Ichitki, al igual, funcionaba este sistema de transporte, aunque con un parque automotor reducido. Viajar en estos buses requería planificación previa, anotarse con tiempo y prepararse para trayectos que podían durar desde tres horas hasta varios días, especialmente en invierno, cuando los caminos se volvían intransitables. Los principales puntos de embarque se encontraban en el mercado de Maicao, en el mismo sector donde hoy se estacionan camionetas F-100 que reemplazaron poco a poco a los buses escalera.

La memoria colectiva wayúu conserva con especial afecto los nombres de algunos de estos vehículos y sus propietarios, que se convirtieron en referentes históricos y anecdótico del transporte étnico: «El Torito» de Alcides Pimienta, El «Niño Iván» de Franco Pimienta, el bus de Antonio Almazo,  Víctor Rosado, de Emiliano Mejía, «La Mano Poderosa» de Ballo Sabino, así como los de Alcides García, León Gómez Alejandro y Nen Bernier, todos recordados como pioneros del transporte en Uribia y zonas vecinas.

El transporte étnico wayúu no fue solo un medio para trasladar personas y mercancías; fue también un vehículo de interculturalidad, movilidad social y resistencia económica, que permitió a los wayúu mantener sus redes de intercambio, fortalecer su identidad colectiva y articularse a dinámicas regionales y transfronterizas.

Este es un campo abierto para seguir documentando. Quienes forman parte de la memoria viva, los wüimpümüin, pueden aportar sus recuerdos y conocimientos, enriqueciendo así esta historia con más nombres, anécdotas, vehículos y protagonistas de una época que marcó profundamente el devenir del pueblo wayúu.

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