- La inauguración de la sede propia de Asocabildo IPS, un triunfo de la persistencia indígena, la memoria comunitaria y el derecho a la salud con dignidad en el corazón de la península.
El sol de La Guajira no calienta; abraza, quema, atraviesa la piel y se instala en la memoria. Es un astro implacable que en el municipio de Albania parece detener el tiempo. Sin embargo, este no era un día cualquiera en las tierras de la península. Bajo los destellos dorados de la tarde, el aire vibraba con un compás ancestral: el repiqueteo seco y rítmico de la kacha, el tambor que marca el pulso de la cultura wayúu, y el vaivén ceremonioso de la danza tradicional.
La cita congregó a la comunidad en un rincón donde la arena del desierto se encuentra con el progreso urbano. Con la solemnidad que exige la tierra, monseñor Francisco Antonio Ceballos Escobar alzó las manos para impartir la bendición sobre los cimientos recién levantados.

El agua bendita, al tocar el piso fresco de la edificación, pareció apaciguar por instantes el calor inclemente, sellando el espacio con un hálito de protección espiritual.
Estaban allí todos los que debían estar. Autoridades tradicionales con sus mantas coloridas ondeando al compás del viento, la alcaldesa municipal, delegados de la EPS Indígena Anas Wayuu encabezada por su gerente y representante legal, la doctora Beda Margarita Suárez Aguilar y el gerente de Asocabildo, Ferd Gámez. Pero, sobre todo, estaba el pueblo: los rostros surcados por el sol de las rancherías, las madres cargando a sus pequeños, los abuelos que recuerdan cuando la salud era una quimera lejana a la que solo se llegaba tras días de camino.
Frente a ellos, con la voz quebrada y la mirada firme, se encontraba la líder natural y gerente de Asocabildo IPS, Rosalinda Aguilar Aragón. Al cortar la cinta inaugural junto a las autoridades, no solo se abrieron las puertas de una moderna infraestructura de salud; se abrió también el capítulo más ambicioso de una historia de resistencia y dignidad tejida a pulso durante más de una década.


De la casa prestada al sueño hecho cimiento
Toda gran gesta tiene un origen humilde. Para entender el peso de lo que se inauguraba en Albania, hay que retroceder mentalmente trece años en el tiempo.
En aquellos días, la salud en el municipio era un derecho esquivo para las comunidades indígenas. En una asamblea general, las autoridades wayúu alzaron su voz ante la Asociación de Cabildos: necesitaban una atención cercana, humanizada y con capacidad tecnológica que respondiera a sus realidades territoriales. Fue entonces cuando la voluntad colectiva se puso en marcha.
Ferd Gámez, gerente de Asocabildo, lo recuerda con la emoción a flor de piel. Al llegar al municipio convocados por las autoridades, se tropezaron con el obstáculo más común de los proyectos que nacen sin presupuestos millonarios: la falta de un techo.
«Prácticamente desalojamos a la prima Vicente y a su hijo Juan Carlos Duarte de su propia casa», rememora Gámez con una sonrisa de gratitud que mezcla la travesura y el reconocimiento. «Nos abrieron las puertas, nos aguantaron y nos cobijaron durante doce años largos, esperando pacientemente a que tuviéramos lo propio».

Aquella casa alquilada se convirtió en el refugio de una semilla que no paró de germinar.
Al principio eran apenas 5 000 usuarios confiando en un equipo que atendía con una sonrisa y una vocación a toda prueba. Con los años, el boca a boca en las rancherías, la eficacia de las brigadas extramurales y el compromiso incansable de guerreros cotidianos como la jefa Angélica, Amanda y todo el personal de las sedes de Albania y Maicao obraron el milagro del crecimiento.
Hoy, la cifra asombra y conmueve: más de 12 000 usuarios dependen de esta red de atención. Lo que comenzó como un auxilio en una sala prestada maduró hasta convertirse en una institución indispensable para el municipio.

La voz de Rosa Linda: «Esto es de todos»
Cuando Rosalinda Aguilar Aragón tomó la palabra frente a la multitud congregada bajo el sol guajiro, su discurso no tuvo la fría retórica de los tecnócratas. Fue una conversación íntima de madre a comunidad, un desahogo de gratitud infinita.
«A los que invité y a los que no invité, a todos los que están aquí y vinieron a darse cuenta: bienvenidos», exclamó con una franqueza que desarmó a los presentes. «Esto es de todos.
Esto no es de Rosalinda sola. Es de las comunidades wayúu y de los que no son wayúu, porque la salud no distingue apellidos cuando se trata de sanar».
Sus palabras resonaron con la fuerza de quien ha cargado el peso de la gestión institucional sobre los hombros durante años. Recordó con cariño entrañable a la familia que les prestó el hogar por más de una década, reconociendo que la paciencia de sus parientes fue el cimiento invisible sobre el cual se construyó el edificio actual.
«Ya estamos en la propia», dijo, y esa frase simple “en la propia”encapsula el anhelo histórico del pueblo guajiro por la propiedad, por el territorio seguro, por dejar de ser huéspedes de la precariedad. E insistió en que el templo de salud recién inaugurado requiere del cuidado colectivo: «Hay que mantener viva esta sede, hay que cuidarla porque es el fruto del sacrificio de mucha gente durante muchos años».

Lágrimas, reconocimientos y un nuevo horizonte tecnológico
La ceremonia no estuvo exenta de momentos profundamente emotivos. En medio del evento, la directiva de Asocabildo entregó reconocimientos a empleados, líderes y profesionales de la salud que han dejado el alma en los pasillos de la institución. En los rostros de médicos, enfermeras y administrativos se dibujaron lágrimas contenidas: lágrimas de alivio, de orgullo y de memoria por los compañeros que caminaron el trayecto y por los usuarios que, a lo largo de los años, encontraron allí una mano amiga en los momentos más difíciles de la enfermedad.
La nueva sede de Asocabildo IPS en Albania ya no es la pequeña posta de antaño. Es hoy una moderna edificación dotada de consultorios amplios, tecnología de punta y espacios diseñados específicamente para garantizar una atención de primer nivel. Como bien se repitió durante la jornada, los habitantes de la ruralidad y de los municipios intermedios de La Guajira no tienen que exiliarse en ciudades lejanas para recibir un trato digno y profesional.


Latido que camina por el territorio
Al caer la tarde, cuando el sol comenzó a retirarse tejiendo tonos naranjas y violetas sobre el cielo de Albania, la atmósfera del lugar era de victoria colectiva.
Asocabildo se consolida hoy como un modelo de IPS indígena wayúu que entiende que la salud no se confina entre cuatro paredes de cemento. Su labor trasciende las instalaciones modernas: es un organismo vivo que camina por el territorio, que llega hasta la última ranchería a través de jornadas extramurales, que cruza trochas y dialoga en la lengua materna con los pacientes.
Con el respaldo de alianzas estratégicas como la de la EPSI Anas Wayuu, la institución demuestra que cuando la administración se alía con la identidad y el arraigo cultural, el resultado es una obra transformadora. Albania tiene hoy una joya arquitectónica para la vida. Y el pueblo wayúu, con su ritmo inquebrantable, sigue demostrando que los sueños más grandes se construyen despacio, con paciencia de desierto, pero con el paso firme de quien sabe exactamente hacia dónde camina.
