POR ROBERTO GUTIÉRREZ CASTAÑEDA
En comentario anterior nos referíamos a las consecuencias debidas a la falta de condiciones establecidas en la ley para optar el título de alcalde y a la incoherencia del elector al no establecer una matriz de requisitos mínimos para pasar el cedazo tales como pulcritud, idoneidad, equilibrio mental y fiabilidad de su entorno directivo. Como a veces sucede, esta serie de ecuaciones no están equilibradas con las incógnitas y por ende el resultado no puede ser el acertado y conveniente para resolver el problema.
Generalmente la falta de objetiva nos lleva a discriminar como si un título académico per se fuera garantía de gobierno bueno y pulcro. La experiencia reciente con los gobernantes que en el departamento y el distrito han sido sobre pasa en aberraciones en proporción directa con la cantidad de grados y títulos académicos que orgullosamente ostentan. Prevalidos de su idoneidad técnica y la ignorancia crasa de los electores y gobernados se inventan patrañas cada día más sofisticadas para depredar el erario y maquillar sus delitos y en la misma proporción el circulo de corifeos desde la galería con el ruido de sus atronadores aplausos opacan las voces discordantes.
Planifican la estrategia electoral como generales ante el campo de batalla. Otean el horizonte buscando en el directorio de los mercenarios aquellos insomnes que, como no duermen, viven despiertos acicalando los distintos disfraces para participar en el baile de las máscaras y preparando las rodillas para la hora de las genuflexiones.
Aah, como se deleitan recordando y aplicando la máxima del mercenario que guardan en el fondo de su corazón pero que exaltan en las circunvoluciones de su cerebro: “No quito ni pongo rey, sólo sirvo a mi pagador”..
Son peores que el pueblo ignorante, analfabeta, resignado a pagar en este mundo las consecuencias de sus pecados electorales en un rito de cristiana contrición se flagelan como los penitentes de Santo Tomás en la Semana Santa. Validos de sus conocimientos, relaciones públicas, y las que a “sotto voce” cultivan en privado, crean en reunión de técnicos y expertos la urdimbre del entramado que bajo la apariencia de legalidad y pulcritud y el arrobamiento de los que, Gustavo Álvarez Gardeazabal llamó El Bazar de los Idiotas , aplaudirán los planes de desarrollo y mega proyectos de infraestructura explicados en un idioma esotérico llenos siglas y acrónimos ininteligibles a un pueblo que a duras penas entiende su propio idioma.
Los cien días del inicio de un gobierno que tan pomposamente promocionan los nuevos gobernantes, sin conocer su génesis, fue ideada por Franklin Delano Roosevelt cuando hacía campaña para la presidencia de Estados Unidos inmediatamente después de la gran crisis económica que en 1929 asoló a ese país que languidecía en la penuria y la adversidad como una propuesta para despertar la fe del pueblo y recuperar la confianza con el compromiso que a los primeros cien días de su gobierno presentaría un balance de su administración y si el resultado del mismo era negativo se retiraba del poder; el pueblo soberano agradecido lo reeligió dos veces. Ha sido el mandatario estadounidense que duraante más tiempo ha gobernado en ese país.
Si esa misma consigna se pudiera aplicar en nuestro territorio con toda seguridad hoy estuviéramos preparando elecciones para elegir nuevos mandatarios.

