Por Brenda Quintana
Nadie niega que la justicia debe hacer su trabajo, y si hay algo que investigar en la Universidad de La Guajira, que se revise con total transparencia; las instituciones siempre estarán por encima de los nombres. Pero es imposible no sentir una profunda indignación al ver el sesgo con el que actúa el nivel central. El Gobierno Nacional del presidente Abelardo De La Espriella le pone una lupa milimétrica y exprés a nuestra alma máter, mientras mantiene una pasividad absoluta y ojos ciegos ante los verdaderos dolores de cabeza del pueblo guajiro: los abusos constantes de Aqualia con el agua y el pésimo servicio de Interaseo que nos afectan a TODOS los ciudadanos a diario en nuestras casas.
¿Por qué tanta severidad con la educación pública y tanta complicidad con las empresas que desangran la región? Hay que decir las cosas como son y tener memoria histórica. El rector Carlos Arturo Robles Julio ha transformado la universidad como ningún otro líder en el departamento. Su gestión no se limitó a firmar un papel o legalizar un subsidio en el papel; él multiplicó los bloques de clases, construyó laboratorios avanzados, modernizó la biblioteca, expandió las sedes a Maicao, Fonseca y San Juan del Cesar, y consolidó una proyección social sin precedentes.Bajo su liderazgo, la universidad abrazó a las comunidades Wayúu y logró el hito histórico de la Acreditación Institucional en Alta Calidad, un nivel académico que administraciones pasadas jamás pudieron alcanzar. Incluso si comparamos con la gestión de la hoy delegada del gobierno, Maritza de León, los resultados saltan a la vista: ella dejó bases legales, pero el rector Robles construyó la realidad material, la excelencia académica y la estabilidad de la que hoy gozan más de 17 mil estudiantes guajiros. Lo que otros no hicieron en décadas, él lo convirtió en campus modernos y oportunidades reales.
Apoyar los resultados visibles de nuestro rector no es oponerse a la ley; el que nada debe, nada teme y la verdad saldrá a la luz. Lo que rechazamos es que la ley se use solo para lo que conviene políticamente. Si van a buscar transparencia, empiecen por las calles inundadas de basura y las tuberías secas de La Guajira. ¡La educación de nuestros jóvenes no se toca ni se usa como botín político!

