Por: Juan Zambrano Romero
Presidente de la Asociación de Ingenieros Agrónomos de la Guajira.
Es necesario establecer a manera de recuento infortunado lo ocurrido a las comunidades maltratadas y desilusionadas por una bonanza que jamás llegó y que está a punto expirar sin permitirle siquiera saber que pasó, ni que viene para sus generaciones futuras. El presente artículo pretende recordar los estragos que ha dejado y dejará la explotación de Carbón en el Departamento del Cesar y la Guajira.
Cuando en el centro del Departamento del Cesar se vislumbraba la aparición de las explotaciones de Carbón en la Jagua de Ibirico, en las veredas vecinas hasta cohetes lanzaron pensando que esa sería la redención para sus pueblos y sus habitantes, igual ocurrió en la Guajira con las explotación del Cerrejón.
El Boquerón es la primera vereda que hay entre La Jagua de Ibirico y La Loma, corregimiento de El Paso al que también pertenecen Plan Bonito y el Hatillo. Según el artículo del periódico El Tiempo denominado “Los pueblos que se tragó el carbón” entre La Jagua y La Loma hay un cinturón de 30 kilómetros que aglutinan la explotación minera, existiendo siete proyectos y cinco empresas operadoras. Entre las poblaciones de Boquerón, Plan Bonito y El Hatillo existen las minas de Calenturitas, de Prodeco;
Descanso Norte y Pribbenow, de Drummond, y El Hatillo y La Francia, de Colombian Natural Resources (CNR). Como al igual que en las minas del Cerrejón aparecen enormes y repulsivos botaderos, montañas de desechos que va dejando la extracción del fósil y que confieren una atmósfera devastadora al paisaje. Al igual que los desplazamientos forzosos que ha generado la explotación minera, lamentan hoy en día sus pobladores cuando se expresan que “ellos no esperaban que la explotación de carbón
acabara expulsándolos de sus tierra…” y que “el carbón solo les ha traído desgracia, pobreza y miseria”.
En el país no se dimensiona los efectos nocivos de la minería a la salud humana y al medio ambiente. En artículos, estudios y documentos está establecido que en minera por cada tonelada de carbón que se extrae, se generan 10 toneladas de desechos. En el artículo del El Tiempo se establece que entre los años 1990 y 2011 se exportaron desde la Guajira y el Cesar al menos 1.000 millones de toneladas de carbón, esto quiere decir que hasta esa época se habían retirado de esos tajos alrededor de 10.000 millones de
toneladas de escombros y residuos rocosos potencialmente contaminantes. Cuantas toneladas de escombros y residuos están dispuestas hasta hoy?. Esos mismos estudios establecen que las partículas en suspensión que son aquellas sustancias que se lanzan a la atmósfera y tienen una media recomendada de 60 microgramos por metro cúbico, asegurándose que las mediciones tanto en el Cesar como en la Guajira superan con suma
facilidad la media recomendada. Pero todavía existen ingenuos que creen en la “Minería Responsable del Cerrejón” Según estudios y el articulo en referencia de El Tiempo, estos son elementos tan ínfimos que llegan a tener un diámetro menor al de un cabello humano que son nefastos para la
vida humana. La exposición permanente a altas concentraciones de PM10 está asociada a un aumento en la frecuencia de cáncer pulmonar, muertes prematuras, síntomas respiratorios severos e irritación de ojos y nariz. Las más pequeñas, PM2.5, se acumulan en el sistema respiratorio y causan disminución del funcionamiento pulmonar. Podemos preguntarnos ¿Cuantas personas han muerto y tienen esos problemas de salud en el área
de influencia de la mina del Cerrejón? ¿Por qué no hacer unos estudios serios en esas áreas sobre la población anexa a la mina?.
A pesar de eso, los sobrantes de mina están formados por sulfuros y elementos químicos que al exponerse a la superficie se oxidan, razón por la cual contaminan las aguas superficiales y subterráneas a la vez alterando además la biodiversidad. Aparte de lo que se ha tragado el Carbón en el Cesar podemos establecer que en nuestra Guajira el Carbón se ha tragado los siguientes pueblos, poblaciones, comunidades indígenas y rancherías como Tabaco, Roche, Patilla, Chancleta, Oreganal, La Casitas, Tamaquito,
El Manantial, Caracolí, El Espinal, La Mulas, Zaraita, El Descanso, Sojori, Cabeza de Perro y El Hamiche. Además de la desaparición de más de 17 arroyos aportantes del Rio Ranchería siendo el principal el Arroyo Bruno. Argumentos suficientes para las anteriores afirmaciones están evidenciadas en más de 10 documentales y reclamaciones de más de 35 comunidades desalojadas de su territorio.
Hay que recordar que Carbones del Cerrejón se asienta sobre más de 700 kilómetros cuadrados y sus daños apenas están por dimensionarse. De acuerdo a sentencia del Tribunal Administrativo de Riohacha, el Consejo de Estado y la Corte Constitucional, esta mega explotación impacta de manera directa a una población de más de 300 mil personas en una extensión de 200 kilómetros cuadrados afectando a los municipios de Fonseca, Barrancas, Hatonuevo Albania, Uribia y Maicao en el departamento de la
Guajira.
Si revisamos de manera objetiva y con el único propósito de visualizar la realidad, la pobreza en la zona aledaña al Cerrejón es crítica, como se evidencia en todas las zonas del mundo en donde se explota Carbón, dejando solo desolación y miseria.
Antes los pobladores de estas áreas intervenidas subsistían de la agricultura, la ganadería y la pesca, teniendo los pequeños y medianos propietarios de fincas que vender a precio de “vacas flacas” en vista de ser expropiados por la multinacional, aparte de la desviación y desaparición de ríos y arroyos, razón por la que se ha acrecentado la emergencia alimentaria. Esta apreciación puede ser corroborada en el área anexa a la
explotación de la mina del Cerrejón donde se puede verificar un escenario desgarrador de los asentamientos y rancherías de las comunidades indígenas y afro descendientes en la zona del proyecto.
Jamás se imaginaron las comunidades de la Guajira que se presentaría un drama tan desolador, aterrador y traumático, y lo peor de esto, es que no se tiene claro que les espera. En esas comunidades todo es dolor, desarraigo, tristeza, desolación, abandono, indefensión, pobreza y miseria. Han perdido su tejido social, sus creencias, y sus muertos y el Estado, los Congresistas, la clase dirigente del Departamento y Municipales del área de influencia, nada dicen, ni hacen al tiempo de dejar solas a esas comunidades en su
calvario. Ante este horizonte tan aterrador, las preguntas inevitables son: ¿ La función y gestión de los Congresistas, los Diputados y los Concejales, no es apoyar y coadyuvar al pueblo que los eligió?. Acaso no son elegidos para defender los intereses del pueblo, de las comunidades?. ¿Cómo se ha llegado a esto?. Porque ha habido gobiernos tan permisivos?.
A pesar de todo lo anteriormente expresado revisando documentación se encuentra que una mina de carbón genera entre 1.600 a 25.000 millones de litros/año de agua contaminada y esa contaminación será a perpetuidad, apreciando además que para hacer el tratamiento de esa agua se calcula entre 1.500 a 1.600 millones de dólares/año, situación que heredarán nuestras futuras generaciones. Los impactos y los pasivos ambientales que dejará la multinacional Cerrejón serán una carga por siempre para las
comunidades guajiras.
El agotamiento del agua asociado a minas a tajo abierto, como es el caso del Cerrejón inevitablemente reduce el nivel local y regional del agua superficial y subterránea. Esta situación causa la sequía de los afluentes y reduce el nivel del agua en pozos subsiguientes, generando que el agua se contamine y se profundice más.
La minería comprime y rompe la roca, creando nuevos túneles para que el oxígeno, aire y microbios, reaccionen con los minerales, generando ácido y movilizando componentes químicos, los que contaminan los cuerpos de agua por cientos de años después del cierre de la mina. Incluso el uso de explosivos aumenta las concentraciones de nitrato y amoníaco, provocando el incremento de la eutrofización y la contaminación de cuerpos de agua, estos son los casos de la mina del Cerrejón. La roca residual a menudo contiene concentraciones elevadas de sulfatos, metales tóxicos y componentes radioactivos.
Dicha roca generalmente se desecha en montones en la superficie del suelo al borde de los tajos o al lado de ellos, filtrándose muchos contaminantes a las aguas superficiales y subterráneas.
El procesamiento del mineral generalmente requiere de tratamientos químicos para remover los metales pesados. Estos metales a menudo son filtrados directamente del mineral usando ácidos fuertes, sufriendo un proceso que implica compresión, y procesos de separación física que producen residuos llamados relaves.
Donde no existe fiscalización, estos relaves obviamente pueden causar una
contaminación significativa de todos los cuerpos de agua. Este material muchas veces contiene pH muy altos entre 10 a 12. Todas estas actividades aumentan fuertemente la carga de sedimentos a los cuerpos de agua.
Ojo, históricamente, la minería ha tenido ciclos económicos de auge y depresión, este último ciclo son considerados insostenibles. Una vez que comienza la caída económica, inevitablemente se declara incapaz la operadora o la multinacional de cumplir los compromisos adquiridos, para minimizar y/o compensar impactos, llevando a caídas que según las multinacionales puede no manejar. Este pequeño análisis, a pesar de que es
apenas un solo eslabón de todo ese proceso de pasivos ambientales que nos dejará el Cerrejón, generarán impactos de largo plazo que pueden aparecer hasta muchos años después del cierre de la mina.
Esto genera una inquietud latente, que es necesario analizar en un próximo artículo sobre el tema del cierre de la mina de Cerrejón y es que quien cerrará los tajos o huecos al finalizar la explotación de Carbón?. Es un deber de la multinacional Cerrejón hacerlo antes de irse. Atentas y alertas las entidades encargadas de velar por que eso ocurra!.