POR: RAFAEL HUMBERTO FRÍAS
Todas las señales de estos tiempos, indican que estamos en los días postreros que describe la biblia. Es como si se avecinara el fin del fin del planeta. En la biblia se utiliza la descripción de los días postreros para referirse a los últimos días que vendrán. Los vaticinios y anuncios indican que, vendrán días peligrosos llenos de muerte, traición, infidelidades, mezquindad, maldad, ambición desmedida del dinero y el poder, envidia, odios, rencores, rencillas, pleitos, guerras, intolerancia, delincuencia y vandalismo. El hombre ha venido perdiendo el amor fraternal y el afecto natural por sus semejantes, y eso, viene sembrando el caos y la destrucción, en vez, del desarrollo y el progreso. Todo esto porque el hombre se ha separado de Dios, creyéndose autosuficiente y poniendo el dinero y el poder como su único dios. Mucho de lo que vemos hoy en los principales medios de comunicación y en los avisos de entretenimiento y en los lugares más visibles de la sociedad es la promoción e impulso de estas señales con la mala noticia que se vende como pan caliente y la crónica roja que ocupa los principales titulares de la prensa hablada y escrita. Los días peligrosos que estamos viviendo hoy fueron previstos por los profetas en la antigüedad como el punto focal de sus inquietudes y aspiraciones. Pero también se anuncia en las sagradas escrituras, que la gloria postrera, será mejor que la primera, o sea, que habrá paz después de los días postreros. Como dijo el poeta, si queremos disfrutar del arco iris, primero debemos soportar la lluvia. Es decir, para vivir la paz debemos soportar estos días postreros de rebeldía e intolerancia, donde ya no se respeta la vida del prójimo, ni su honra, ni sus bienes, y se violan flagrantemente los derechos humanos. Son muchas las señales que indican que estamos en los últimos días en su orden y que estos vienen detrás de los primeros días vividos con bienestar. Estas señales permitirán que se reconozca la existencia de Dios y el poder de su gloria y su victoria. Hoy los hombres quebrantan y violan las leyes. Los días son ardientes como un horno crematorio por los efectos del calentamiento global y el cambio climático. Vemos grandes desastres naturales como huracanes y ola tropical por los océanos. La pandemia del coronavirus que disminuyó a la población mundial es otra señal. La amenaza de guerra entre Rusia y Ucrania y su impacto sobre otras naciones para combatir también es otra señal. Todas estas son señales que permiten a los cristianos y católicos que creen en la sana doctrina, anunciar que, Dios levantará su reino el cual no será jamás destruido, y que, la segunda venida de su hijo Jesucristo está cerca. Porque hoy se vive una descomposición social impresionante con una inversión de los valores a la carta. Se han perdido las consideraciones y las buenas costumbres en nuestra sociedad. Ya no se quiere la tierra donde se nace como se hacía antes. Los hermanos ya ni amigos quieren ser, y como en la época de Caín y Abel, se matan unos con otros por dinero. En nuestra sociedad, ya no se sabe ni quien es el padre, ni quien es el hijo. Los hombres toman por amantes a sus hijas y hombres y mujeres reniegan de su género por doquier. Hay mucha discriminación y acepción y rechazo de personas como en las épocas pasadas. No siempre el triunfo lo obtiene el mejor. Los gobernantes muchas veces reinan, pero no gobiernan, y el pueblo, en vez de alegrarse se entristece. Ya no se respetan las canas, ni los ahijados a los padrinos, ni se respeta al maestro, ni al cura, ni al alcalde del pueblo. La ciudadanía hoy es muy rebelde y no son los mismos contribuyentes de ayer, porque la corrupción los ha indignado. Hacen carrera los grupos delincuenciales al margen de la ley que viven de la droga, el narcoterrorismo, la piratería terrestre y la violación, el hurto y el robo a mano armado. La inseguridad ciudadana también viene haciendo carrera y de postgrado en nuestros pueblos. Hoy se quiere hacer justicia por las propias manos, ignorando la fuerza pública y su autoridad. Está de moda las vías de hecho mediante bloqueos y cierre de vías para afectar la economía de la nación reclamando los derechos de la población sin reconocer a las autoridades legítimamente constituidas. Definitivamente, vivimos en los días postreros, pero el anuncio de paz total, anuncia un nuevo día, hermoso y lleno de esperanzas.