El Foro Mundial sobre Migración: un desafío institucional y una vitrina turística para Riohacha

Por Linda Carrillo

La elección de Riohacha como sede del Foro Mundial sobre Migración y Desarrollo representa una oportunidad histórica. Es el reconocimiento de nuestra realidad como territorio fronterizo, receptor de flujos migratorios constantes, pero también una prueba de fuego para nuestras capacidades institucionales, logísticas y turísticas.

Como administradora pública y profesional en hotelería y turismo, no puedo dejar de ver esta coyuntura con ojos críticos pero también con esperanza. Sabemos que la ciudad enfrenta limitaciones claras en infraestructura hotelera, servicios públicos y conectividad. Sin embargo, también contamos con un capital invaluable: nuestra cultura viva, el potencial turístico de nuestros paisajes y la hospitalidad de nuestra gente.

Este evento puede y debe ser más que una cumbre de discusión internacional. Puede convertirse en una vitrina para mostrarle al mundo que Riohacha tiene todo para posicionarse como un destino turístico cultural, ancestral y sostenible. Pero para lograrlo, necesitamos más que entusiasmo: requerimos planificación estratégica, articulación institucional y participación activa del sector turístico local.

La llegada de delegaciones internacionales no solo pondrá a prueba nuestra capacidad de organización, sino que también abre una puerta para fortalecer a nuestros empresarios, emprendedores y prestadores de servicios turísticos. Es el momento de activar rutas culturales, ferias artesanales, experiencias gastronómicas y turismo comunitario, todo bajo estándares de calidad y sostenibilidad.

Además, el foro debe dejar un legado. No puede ser un evento que pase sin transformar. Es necesario que los esfuerzos que se están haciendo para embellecer y preparar la ciudad no se queden en lo superficial. Deben traducirse en inversiones duraderas, formación del talento humano y fortalecimiento del ecosistema turístico local.

Riohacha puede demostrar que una ciudad que ha sido estigmatizada por el abandono estatal y los retos sociales también puede ser un escenario de diálogo global y de reactivación económica desde el turismo. Pero eso solo será posible si dejamos de ver el evento como una meta en sí misma y lo entendemos como el punto de partida hacia un modelo de desarrollo integral, con la migración y el turismo como ejes complementarios.

Hoy más que nunca, tenemos la oportunidad de alzar la voz y mostrarle al mundo que en esta esquina del Caribe colombiano, la resiliencia se convierte en motor de transformación.

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