Por: Jhon Jairo Cataño
El pasado 17 de Julio se produjo la firma del memorando de entendimiento entre las ministras de comercio de Colombia y Venezuela para la creación de una Zona Económica Especial Binacional, este acto ha despertado intensos debates en los círculos políticos nacionales, desde Bogotá sectores de la oposición cuestionan su legalidad, argumentando que al asimilarse a un tratado debería ser aprobado por el Congreso y que podría poner en riesgo la soberanía nacional.
Lo que si es cierto es que del planteamiento anterior, este documento no es ni lo uno, ni lo otro, es solo el principio de acuerdo, un documento marco o una hoja de ruta, que sirve de guía para ambos gobiernos en el cumplimiento de un viejo anhelo que han querido lograr históricamente muchos mandatarios entre estos dos países hermanos y que comparten una frontera común de más de 2 mil kilómetros de longitud.
El objetivo principal de esta Zona de Paz, Unión y Desarrollo Binacional como se hace llamar este documento, es que las autoridades de ambos países puedan abordar temas relacionados con el comercio, la cultura, salud, educación, turismo y los que las partes propongan en este proceso de cooperación. Acciones que buscan darle un marco de formalidad a la vida económica y social de quienes vivimos en la frontera, ya que somos los primeros perjudicados con las peleas ideológicas entre los gobiernos de Caracas y Bogotá.
Mientras el debate jurídico y político se enciende en la capital del país, en La Guajira debemos ser pragmáticos y enfocarnos en una pregunta clave: ¿estamos listos para ser actores principales en este proyecto binacional? Porque si algo está claro es que más allá de la controversia entre el gobierno y la oposición, los efectos de esta decisión binacional se sentirán con fuerza en nuestro territorio.
Este memorando plantea para nuestro departamento la posibilidad de convertirnos en un corredor estratégico para el comercio binacional, con mejoras en infraestructura, nuevas oportunidades de inversión y una diversificación económica que hoy es urgente y que sin duda traerá beneficios a los guajiros.
Sectores como la agroindustria, las energías y el turismo cultural podrían encontrar en la Zona Económica Especial un impulso significativo, siempre y cuando se garantice que los beneficios lleguen primero a nuestra gente. Pero para que eso sea posible, la institucionalidad debe asumir un liderazgo firme en la negociación y ejecución de este acuerdo, ya que son los responsables de garantizar que la voz del departamento pese en la mesa binacional y que las decisiones no se tomen de espaldas a esta región fronteriza.
Para el sector empresarial se vislumbra un escenario de oportunidades y retos, formalizarse y participar en proyectos que generen empleo y diversifiquen la economía más allá de la minería. La academia, puede aportar conocimiento, estudios y formación del talento humano para que la Zona Económica Especial sea sostenible y competitiva. Y la comunidad en general, su papel es vigilar, proponer y exigir que los beneficios lleguen a todos, especialmente a nuestras comunidades, para quienes la frontera es un territorio ancestral y no solo una línea en el mapa.
Sé que muchos plantearán que existen riesgos, como el contrabando, la inseguridad y concentración del poder en actores ilegales. Pero la única manera de enfrentar esos riesgos sin paralizarnos, es que existan reglas claras entre las autoridades de la frontera, controles efectivos y transparencia en cada paso del proceso.
El debate nacional puede seguir, pero desde La Guajira nuestra prioridad debe ser otra, asegurar que el desarrollo que se promete se convierta en realidad para el departamento. Y eso implica que todos los sectores institucionalidad, empresarios, academia y ciudadanía trabajemos juntos, no como espectadores, sino como protagonistas.
La soberanía se defiende también con desarrollo, empleo digno y bienestar para la gente y eso es precisamente lo que está en juego.