Prevención necesaria del suicidio en jóvenes de La Guajira una reflexión

POR SAIT IBARRA LOPESIERRA

Vivir en La Guajira significa convivir con la riqueza de nuestra cultura, con la fuerza del desierto, el mar y las tradiciones que nos identifican. Sin embargo, también significa enfrentar realidades dolorosas que afectan especialmente a nuestra juventud. El suicidio, silencioso y devastador, ha ido creciendo como una problemática que no podemos seguir ignorando.

Cuando escucho las historias de jóvenes que han tomado esta decisión, no puedo dejar de preguntarme qué tanto estamos haciendo, como sociedad y como individuos, para tenderles la mano antes de que lleguen a ese punto. No se trata únicamente de cifras o estadísticas, sino de vidas truncadas, de sueños que no llegaron a cumplirse y de familias que quedan con un vacío irreparable.

En La Guajira, nuestros jóvenes enfrentan múltiples dificultades: la falta de oportunidades educativas, la escasez de empleo digno, la presión social, el desarraigo cultural y, en muchos casos, el dolor de la pobreza y la exclusión. Todo esto va calando en su salud mental, y muchas veces no encuentran espacios seguros para hablar, expresar lo que sienten o pedir ayuda.

Creo firmemente que la prevención del suicidio empieza con algo tan básico como escuchar. Necesitamos aprender a estar presentes, a preguntar sin juzgar, a crear ambientes familiares y comunitarios donde los jóvenes sientan que no están solos. También debemos exigir que los servicios de salud mental lleguen de manera real a las comunidades, tanto urbanas como rurales e indígenas, porque no es justo que pedir ayuda sea un privilegio de pocos.

La escuela, la familia y las organizaciones sociales tienen un papel clave: fortalecer la autoestima, brindar acompañamiento psicosocial y rescatar el valor de nuestras raíces culturales como fuente de identidad y sentido de vida. La tradición Wayuu, por ejemplo, con sus narraciones, símbolos y comunidad, puede ser una herramienta poderosa para reafirmar el valor de cada existencia.

Prevenir el suicidio en jóvenes de La Guajira no es solo un reto institucional; es una tarea de todos. Es un compromiso humano, ético y comunitario. Y comienza por mirar a los ojos de nuestros jóvenes, reconocer su dolor y recordarles que su vida importa, que su voz tiene valor, y que no están solos en este camino

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