Adiós a Rafaela María Fajardo de Sabino: Un Legado de Amor, y Fe

En medio de oraciones, recuerdos entrañables y un profundo sentimiento de gratitud, la familia Sabino Fajardo despidió a quien en vida fue una mujer ejemplar, madre amorosa, educadora incansable y fiel devota: Rafaela María Fajardo de Sabino, quien falleció a los 95 años, dejando tras de sí una huella imborrable en los corazones de todos quienes la conocieron.

Nacida un 4 de abril de 1930 en Riohacha, tierra que amó profundamente, fue hija del hogar formado por Pedro FajardoMaría Morales, fallecidos y la tercera de cinco hermanos: Antonio, Adalines, Lucila y Raúl fallecidos.

Desde su infancia, Rafaela se destacó por su nobleza, su profundo sentido del deber y los sólidos valores cristianos que le inculcaron sus padres y que rigieron su vida hasta el último de sus días.

Una vida dedicada a enseñar y a servir

Maestra de profesión y vocación, dedicó gran parte de su vida a la educación, labor que desempeñó con responsabilidad, paciencia y un inmenso amor por las nuevas generaciones. Quienes fueron sus alumnos la recuerdan como una mujer sabia, exigente pero justa, y siempre dispuesta a escuchar y orientar.

Su compromiso no se limitó a las aulas. Rafaela fue también una mujer profundamente espiritual, temerosa de Dios y devota ferviente de la Virgen de Los Remedios, patrona de su ciudad natal. Perteneció activamente a la Congregación del Sagrado Corazón y fue parte de la Legión de María, espacios donde sirvió con humildad y entrega, siempre guiada por su fe.

Madre de madres, pilar de su familia

Junto a su esposo, Tulio Sabino Arocha, fallecido con quien formó un hogar sólido y amoroso, crió a sus hijos: María, Martha, Mónica, Claudia, Marcos fallecido Tulio y Héctor, a quienes educó con el ejemplo, enseñándoles a amar a Dios, a respetar al prójimo y a valorar la familia como el mayor tesoro.

Para ellos, doña Rafaela no solo fue madre, sino también amiga, consejera, refugio y guía. Su ternura, su sabiduría y su temple formaron generaciones, pues su influencia alcanzó a nietos, bisnietos y tataranietos, además de sobrinos y otros familiares que la vieron como una segunda madre, una figura maternal que siempre supo estar presente con una palabra oportuna y un abrazo sincero.

Un adiós lleno de gratitud y esperanza

Sus honras fúnebres se realizaron en la Catedral Nuestra Señora de Los Remedios, templo al que acudió durante toda su vida y en el que recibió un homenaje póstumo realizado por Madres Católicas cargado de emoción. Representantes de grupos católicos, familiares y amigos pronunciaron palabras que resaltaron la grandeza de su alma, su incansable labor como madre, esposa, maestra y creyente.

Posteriormente, sus restos fueron sepultados en el Cementerio Central de Riohacha, en una ceremonia íntima, marcada por la solemnidad, el amor y la promesa de seguir su legado. “Hoy no decimos adiós, sino hasta luego”, expresaron sus hijos, “pues sabemos que el cielo recibe a un nuevo ángel que desde lo alto seguirá cuidando de todos nosotros”.

Un legado que perdura

Rafaela María Fajardo de Sabino no solo fue una mujer respetada en su comunidad, sino también una presencia amorosa y constante para su familia, una matriarca que construyó su historia desde la fe, la educación y el servicio. Su partida deja un vacío inmenso, pero también una herencia invaluable: la certeza de que una vida vivida con amor, entrega y rectitud trasciende la muerte.

Hoy, sus hijos, nietos y seres queridos la llevan en el corazón, con la convicción de que su espíritu vive en cada oración, en cada recuerdo, en cada gesto de bondad que ella sembró durante casi un siglo de existencia.

Paz en su tumba. Gloria en su memoria.

Related posts

Alerta por altas temperaturas en La Guajira: expertos advierten riesgos y cambios en las condiciones climáticas

Afro reconocimiento cosmético

Ecopetrol anunció que avanza en la adquisición del clúster eólico Jemeiwaa Ka’l