Evocando al rio Ranchería

Por José Vergara Solano.

Hace aproximadamente cuarenta años dejé de disfrutar de las aguas frías y cristalinas del rio Ranchería en el sector de Distracción, distante de la población unos mil metros aproximadamente.

Retrotrayendo mi época de juventud, recuerdo con nitidez lo que fue la corriente abundante y diáfana de aquel rio tan querido, donde nos zambullíamos infinidad de veces en especial en el “pocito de los policías”, el sitio escogido por los agentes policiales acantonados en Distracción donde iban a bañarse en horas de la mañana.
Recuerdo aquellos días mañaneros, de frescura sin par, en que la orilla del rio se adornaba con el grupo de mujeres lavanderas sentadas sobre las piedras para dedicarse al lavado de la ropa restregándola afanosas con el jabón de potasa que compraban en “La Otra Casa”.

Bajo la sombra de cualquier árbol construían un fogón y sobre tres piedras colocaban una lata, en que venía envasado el aceite vegetal y allí se hervía la ropa para aflojar la mugre de la vestimenta ya fuera del pobre o del acomodado.
El rio Ranchería fue una bendición de Dios, cuyo periplo final es el mar que con ser tan salado lo recibía alborozado; en cambio hoy ya no le llega el agua cristalina sino lágrimas turbias de amargura por cuanto al rio lo han exterminado.

Cómo recuerdo los distintos sitios de baño, aquellos pozos profundos, “el doce”, “la piedra de Yupo”; los de regular profundidad, “el pocito de los policías”, “la puya”. Sus orillas completamente bosquejadas de árboles de algarrobillo, laurel, corazón fino y otras especies cuyas sombras hacían más agradable visitar ese remanso de paz y de sosiego.

En las noches silentes, se escuchaba el murmullo constante de su corriente; en noches estrelladas o de luna llena, su agua cristalina parecía con los reflejos de la luna un rio plateado adornado de las piedras que parecían seres mitológicos en el centro del rio.

Ese canto monótono del afluente que murmuraba su paso por las rocas, lo escuchábamos desde niños todas las noches, sentados o colocadas nuestras cabezas infantiles sobre el regazo de nuestra madre “Felicha”, o de “Yuya” o “Nana”, nuestras abuelas, quienes nos deleitaban con cuentos tiernos y relatos de antaño.

Cómo no recordar sus crecientes impulsivas de aguas turbias que para los muchachos más osados era una aventura temeraria porque además de riesgosa para ellos era placentera cuando a nado se trataba de ganar la otra orilla. Entre ellos recuerdo a Jaime mi hermano, que desafiaba esa impetuosidad de la corriente ganando la otra orilla.

No recuerdo en el tiempo que viví en Distracción que el caudal del rio hubiese mermado. En cambio hoy, me refieren, cuando pregunto por el estado del rio al que tanto añoro, que su cauce está convertido en depósito de desechos de toda clase.

Cómo me duele que el destino de aquel que fuera un tranquilo rio de aguas cristalinas y frías en ese sector de Distracción se encuentre hoy en un estado de postración por la acción criminal del hombre. Que manos malévolas, asesinas atenten sin contemplación con el cauce de nuestro rio. Es que la población es cómplice de este atentado ecológico y hasta las mismas autoridades administrativas porque consienten este descalabro suicida al rio con total indiferencia.

Hoy la mayoría de nuestros afluentes presentan una grave amenaza originada por la actividad desleal del hombre. Tanto la biodiversidad como los sistemas acuáticos desaparecen. También el ser humano se afecta a causa de la alteración en la cadena alimentaria y además el de contraer enfermedades.
No me explico esta irreflexión absurda de quienes atentan hoy contra nuestro anémico rio. ¿Qué pensarán estos ignaros con sus desleales atropellos al rio Ranchería? Creo que son más crueles que el hombre de la era cuaternaria. Pensar que esa deuda la cobra la naturaleza porque los culpables de ese atentado ecológico tendrán su castigo por ley natural y por ley divina.

La Tierra no nos pertenece, nosotros pertenecemos a la Tierra. Cualquier daño que le hagamos a ella nos afecta de manera definitiva a nosotros.
Distracción es una tierra pródiga gracias a sus corrientes hídricas y a la fertilidad de su suelo. Es un emporio de grandeza agrícola en que los verdes pastizales, los extensos cultivos de arroz y otros productos agrícolas hacen de esta comarca un pedazo de suelo enriquecedor gracias a las bondades de esta tierra profusa.

Fue delicia embriagadora gozar de las aguas del rio Ranchería. Y qué decir de aquellos afluentes como la “plumita”, pequeña acequia de poco caudal que atravesaba los patios de varias casas como el inmenso y sombreado de cocotales y mangos de la señora Avelina Nieves, luego pasaba por el patio de la casa de Pedro “Pello” Mejía y su esposa Josefa “Chepa” Solano Brito, luego seguía por el patio de Tomás José Solano y su esposa Filomena Parodi y de ahí al patio de la casa de Francisco “Franco” Campo y su esposa la señora Juanita Caicedo. Con este pequeña acequia se regaban las dos granjas integrales de Julia “Yuya” Daza Vidal. Luego nos acercábamos a la acequia de Cobo donde muchas veces nos deleitábamos de sus aguas frescas. Más allá la acequia de Mendoza, esta llegaba a unos predios de Fonseca, luego seguía “el cañito” que regaba predios en el sector de Fonseca y por último el añorado rio Ranchería, donde la frescura de sus aguas nos deleitaba el espíritu.

Para nosotros el rio Ranchería ha sido fuente de inspiración porque viví en su momento glorioso, su exuberante soberbia hídrica y donde el mismo fue testigo de citas amorosas que hoy son recuerdos inolvidables.

Cómo no recordar las tardes sabatinas cuando los soldados del Grupo Rondón de Buenavista en fila india se dirigían al rio a lavar sus uniformes, algunas veces comandado por un suboficial o teniente que por lucirse los hacía trotar dándole varazos, solo para que los vieran las muchachas del poblado.

Pero a la hora de la verdad el “tenientico” se mostraba cobarde cuando algún soldado valiente se le paraba y lo amenazaba con los puños. Hasta ahí llegaba su machismo mediocre.
Por eso hoy le tributo como homenaje a mi inolvidable rio estas frases laudatorias de lo que fue y de lo que nos prodigó.

Homenaje al rio Ranchería
¿Recuerdas a mi amada ausente?/ oh cristalinas aguas del rio Ranchería/ cuando ella y yo nos deleitábamos en tus aguas frías/ era para nosotros bendición aquel rico afluente. Intrépidas bajaban tus corrientes entre rocas/ cuyo agreste sonido al pasar por hondonadas/ espantabas a las aves que volaban atolondradas/ luego bajaba silenciosa tu corriente como muy pocas. Evocar aquellos tiempos en que nuestros cuerpos bañaste/ acostarnos en la suave arena blanca de tu orilla/ luego brincando entre rocas para darnos la zambullida/ en tus aguas cristalinas para luego abandonarte. ¡Oh! noble y recordado rio Ranchería/ el evocarte me nostalgia el corazón/ con mi amada ausente en tus aguas vivíamos una ilusión/ en medio de tu cauce soñábamos formar un hogar algún día. El tiempo pasa como ingente torbellino/ hoy tu caudal decrece cual terrible enfermedad/ la mano asesina del hombre, cubierto de maldad/ destruye tus abrigos como vil asesino. Fuiste refugio de efímero sosiego/ de ensueños deleitables, de pasiones indecibles/ fue tu murmullo nocturno cual canto inmarcesible/ hoy el campo mustio anhela tu benéfico riego. Recuerdo en invierno tus crecientes impetuosas/ cuando de cauce te salías inundando caminos y potreros/ tus aguas turbias las cruzaban muchachos aventureros/ desafiando al peligro en esa corriente tumultuosa. Luego volvías a correr tranquilamente/ tus aguas diáfanas convidaban a gozar de tu frescura/ tus pozos como el doce, la puya y otros con locura/ invitaban al retozo a veces bajo un sol ardiente. ¡Oh! noble y adolorido rio Ranchería/ fuiste tesoro incalculable que no supieron valorarte/ hoy te miran indiferente mientras tus aguas agonizantes/ en anémico caudal ven pasar lo que antes fue alegría,

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