Pasión y emoción deportiva y dolor de patria

Por: Martín Barros Choles

Las prácticas y competencias deportiva, son fuentes recreativas, para aficionados y observadores, en diferentes modalidades, que se programen, eventualmente y se lleven a cabo, en territorios habitacionales. El deporte es salud, para los cuerpos y espíritus humano, en ejercicios naturales, como: caminar, nadar, flexionar, rodar y jugar; que sirven para expulsar toxinas, fortalecer músculos, relajarse, bajar de pesos, desesterarse y en fin; para muchas cosas de bienestar corporal y mental.

El futbol, es el deporte que ocupa el primer lugar en aficiona de manera general, en: Europa, África y América Latina, con excepción de Estados Unidos, cuya preferencia No uno, es el béisbol, seguido del baloncesto y en tercer lugar el futbol. Las aficiones se reflejan en los poyos a clubes deportivos y en especial, a las selecciones nacionales de cada país. Campeonatos competitivos, rutinarios y clasificatorios; que terminan galardonando con el título de campeón, al que ocupe el primer lugar, entre equipos participantes, generando: emoción alegría y felicidad en la fanaticada.

En Colombia, como en muchas naciones, la atención y el furor por el futbol, es palpable, notoria y apasionante, en la competencia que genera los partidos y los deseos triunfalistas, como se percibe en las eliminatorias, nublando y opacando, la atención de otro hecho, repudiables y necesidades apremiantes, que padecemos. La diferencias y rivalidades, se apaciguan superficialmente en júbilo y las emociones expresadas, por fanáticos y seguidores, cuando tiene la suerte de ganar. Contrario cuando se pierde, que origina explosiones sentimentales, lanzamientos de ofensas, epítetos y atribuciones de culpabilidad, a los derrotados, llevando del bulto, los directores técnicos, aun cuando la perdida se deba al mal juegos de quienes conforman el equipo de selección. La emoción de triunfo, exaltada y desbordada, en expresiones humanas, origina muchas veces, descontroles, por embriaguez: emotiva, etílica y narcóticas; en acontecimientos triunfalistas, de índole nacional, contagiosos en honor patrio.

En países gobernados por mandatarios corruptos, como en Colombia, le caen bien los triunfos de la selección Colombia, para que gobernados, se olviden de malestares, protestas e inconformismos. Mejor aún, si logra clasificar a los mundiales. Los fanáticos y seguidores, del seleccionado patrio, confraternado en unidad nacional, apoyando de corazón, al equipo de la selección. Pero el apoyo a la selección, no debe servir para descuido e indiferencias, sobre necesidades agobiantes, ni para echar por tierra, escándalos de corrupciones, robos y “elefantes blancos” que nacen de contrataciones públicas, con daños y perjuicios, en causas probadas, sin que pase nada, porque opera la complicidad, retributiva onerosa, entre autoridades administrativas, órganos de control: disciplinario, fiscal y autoridad penal, ejercidas por la fiscalía, jueces y magistrados penales.

El futbol es un gran negocio deportivo, que tiene los dirigentes investigados y empapelados, por causa de corrupción y malos manejos, en movimientos financieros, generando enriquecimientos ilícitos a directivos de selección Colombia, que guardan silencio. No podemos negar el factor distractor y perturbador, que consiente e inconsciente, ocasionan los partidos de futbol, de manera global popular, sujeta únicamente a los resultados, dejando a tras los problemas que nos atañen y afectan, que no se resuelven por que gane la selección Colombia.

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