Durante la Segunda Guerra Sino-Japonesa (1937-1945), se realizaron diversas investigaciones médicas que fueron utilizadas por el Ejército Imperial Japonés para desarrollar un programa de armas biológicas y químicas, experimentadas más tarde con humanos. A cargo de dicho trabajo estuvo el microbiólogo Shirō Ishii, quien asumió tiempo después el cargo de Teniente General del Ejército.
Su participación comenzó en 1930, luego de ser ascendido a comandante y tomar el cargo de profesor de la Facultad de Medicina del Ejército en Tokio. Allí, Ishii creó un departamento de Inmunología dedicado a investigaciones sobre guerra biológica, impulsado por importantes figuras políticas y militares de los círculos ultranacionalistas japoneses.
El temerario grupo dirigido por Ishii, el Escuadrón 731, realizó una gran cantidad de pruebas con prisioneros, provocándoles sufrimientos extremos. Algunas fuentes aseguran que entre 3 mil y 6 mil encarcelados, incluyendo niños, fallecieron víctimas de los experimentos. Se estima que aproximadamente 12 mil personas habrían perecido en sus ensayos.
A pesar de que todos los experimentos quedaron documentados en papel o en película, las evidencias se destruyeron y no hubo juicios contra los médicos del Escuadrón 731. De hecho, Ishii, quien intentó huir, fue arrestado por los estadounidenses en 1946 y, tanto él como otros integrantes del conjunto, lograron negociar su inculpación e inmunidad en el Juicio de Tokio.