๐‰๐š๐ข๐ซ๐จ ๐€๐ ๐ฎ๐ข๐ฅ๐š๐ซ ๐Ž๐œ๐š๐ง๐๐จ: ๐„๐ฅ ๐ก๐จ๐ฆ๐›๐ซ๐ž ๐ช๐ฎ๐ž ๐š๐ฎฬ๐ง ๐œ๐š๐ฆ๐ข๐ง๐š ๐ฉ๐จ๐ซ ๐ฅ๐š๐ฌ ๐œ๐š๐ฅ๐ฅ๐ž๐ฌ ๐๐ž ๐‘๐ข๐จ๐ก๐š๐œ๐ก๐š ๐ž๐ง ๐ฅ๐š๐ฌ ๐š๐ฅ๐š๐ฌ ๐๐ž ๐ฅ๐š ๐ฆ๐ž๐ฆ๐จ๐ซ๐ข๐š

  • ๐‘ฌ๐’‘๐’Šฬ๐’ˆ๐’“๐’‚๐’‡๐’†: ๐‘ผ๐’ ๐’‘๐’‚๐’…๐’“๐’† ๐’๐’ ๐’”๐’† ๐’—๐’‚. ๐‘บ๐’† ๐’’๐’–๐’†๐’…๐’‚ ๐’—๐’Š๐’—๐’Š๐’†๐’๐’…๐’ ๐’†๐’ ๐’†๐’ ๐’‰๐’๐’Ž๐’ƒ๐’“๐’ ๐’’๐’–๐’† ๐’‚๐’ƒ๐’“๐’‚๐’›๐’‚, ๐’†๐’ ๐’๐’‚ ๐’‘๐’‚๐’๐’‚๐’ƒ๐’“๐’‚ ๐’’๐’–๐’† ๐’ˆ๐’–๐’Šฬ๐’‚, ๐’š ๐’†๐’ ๐’„๐’‚๐’…๐’‚ ๐’‘๐’‚๐’”๐’ ๐’‡๐’Š๐’“๐’Ž๐’† ๐’…๐’† ๐’–๐’ ๐’‰๐’Š๐’‹๐’ ๐’’๐’–๐’† ๐’•๐’๐’…๐’‚๐’—๐’Šฬ๐’‚ ๐’๐’ ๐’†๐’”๐’„๐’–๐’„๐’‰๐’‚ ๐’„๐’–๐’‚๐’๐’…๐’ ๐’Ž๐’Š๐’“๐’‚ ๐’‚๐’ ๐’„๐’Š๐’†๐’๐’.

POR ALEJANDRO RUTTO MARTINEZ

Eran los inolvidables aรฑos ochenta y la Universidad parecรญa un hervidero humano que se movรญa con la potencia que solo puede dar el primer amor. Miles de jรณvenes de La Guajira habรญan aplazado indefinidamente su sueรฑo de estudiar una carrera profesional por falta de recursos para trasladarse a los grandes centros urbanos como Barranquilla y Bogotรก, pero fue entonces cuando surgiรณ la instituciรณn que le abrirรญa las puertas. ย 

Y ese inicio sorprendiรณ a algunos cuando apenas eran unos imberbes, pero otros ya tenรญan parte de su vida resuelta: se habรญan casado y tenรญan hijos. De manera que las jornadas de clases en esa รฉpoca eran el encuentro de, por lo menos, dos generaciones.ย 

Y asรญ, continuaba su curso. Cada maรฑana y cada noche centenares de estudiantes llegaban a las aulas a recibir sus clases de los dos รบnicos programas de ese entonces: Administraciรณn de Empresas e Ingenierรญa Industrial. ย ย 

Todo marchaba bien, pero algo comenzรณ a cambiar: el nuevo rector, ๐‰๐š๐ข๐ซ๐จ ๐€๐ ๐ฎ๐ข๐ฅ๐š๐ซ ๐Ž๐œ๐š๐ง๐๐จ, hacรญa ciertas caminatas por los amables pasillos de la sede vieja y se quedaba a conversar con los estudiantes y profesores.ย 

Hasta con los vendedores que se apostaban en las afueras y de รฉstos escuchรณ la frase: โ€œNecesitamos mรกs carreras en la Universidad, la hija mรญa quiere estudiar, pero no le gustan esas matrรญculas que abren todos los semestresโ€.ย 

Jairo Tomรณ nota y en el tiempo darรญa una lucha tenaz, desde diferentes posiciones, para que la Universidad ampliara su oferta acadรฉmica.ย 

Un dรญa me encontrรณ por ahรญ como a las doce y media debajo de un รกrbol de uva camarona de las que abundaban en la sede vieja y conversamos un largo rato. Era un momento en que los estudiantes debรญan estar en su casa, por eso le sorprendiรณ que estuviera yo por esos lares.ย 

Mi explicaciรณn era que yo vivรญa en Maicao y tenรญa clases tambiรฉn en la noche, y a esa hora disfrutaba de mi almuerzo que consistรญa en una buena raciรณn de esas frutas medio silvestre que manchaban el piso de los corredores, pero aliviaba el hambre de quienes debรญamos permanecer allรก por mรกs tiempo.ย 

Aprovechรฉ para pedirle que nos ayudara con el transporte diario. Y me dijo que lo iba a pensar. Pero tambiรฉn agregรณ que tenรญamos que pensar en otra soluciรณn:ย 

๐˜๐จ ๐ž๐ฌ๐ญ๐ฎ๐ฏ๐ž ๐๐ž ๐š๐œ๐ฎ๐ž๐ซ๐๐จ ๐ฒ ๐ฅ๐ž ๐๐ข๐ฃ๐ž:ย 

โ€“ ยฟ๐๐ฎ๐žฬ ๐ญ๐š๐ฅ ๐ฎ๐ง๐š ๐ฌ๐ž๐๐ž ๐ž๐ง ๐Œ๐š๐ข๐œ๐š๐จ?

โ€“ ยก๐„๐ฌ๐จ ๐ž๐ฌ! ย ๐Œ๐š๐ง๐ข๐Ÿ๐ž๐ฌ๐ญ๐จฬ ๐œ๐จ๐ง ๐ž๐ฅ ๐ž๐ง๐ญ๐ฎ๐ฌ๐ข๐š๐ฌ๐ฆ๐จ ๐ช๐ฎ๐ž ๐ฅ๐ž ๐œ๐š๐ซ๐š๐œ๐ญ๐ž๐ซ๐ข๐ณ๐š๐›๐š ๐œ๐ฎ๐š๐ง๐๐จ ๐ฎ๐ง๐š ๐ข๐๐ž๐š ๐ฅ๐ž ๐ฉ๐š๐ซ๐ž๐œ๐ขฬ๐š ๐›๐ฎ๐ž๐ง๐š. ย 

Pasaron muchos aรฑos, pero un dรญa la Universidad se entendiรณ a Maicao como esa vez se lo pedimos y tambiรฉn a Fonseca y Villanueva con sedes fรญsicas y a los demรกs municipios a travรฉs de diversas estrategias.ย 

๐‰๐š๐ข๐ซ๐จ ๐€๐ ๐ฎ๐ข๐ฅ๐š๐ซ ๐Ž๐œ๐š๐ง๐๐จ ๐ง๐š๐œ๐ข๐จฬ ๐ž๐ง ๐‘๐ข๐จ๐ก๐š๐œ๐ก๐š ๐ž๐ฅ ๐Ÿ๐Ÿ“ ๐๐ž ๐๐ข๐œ๐ข๐ž๐ฆ๐›๐ซ๐ž ๐๐ž ๐Ÿ๐Ÿ—๐Ÿ’๐Ÿ• ๐ž๐ง ๐ž๐ฅ ๐ก๐จ๐ ๐š๐ซ ๐๐ž ๐’๐š๐ฎฬ๐ฅ ๐€๐ ๐ฎ๐ข๐ฅ๐š๐ซ ๐๐žฬ๐ซ๐ž๐ณ ๐ฒ ๐„๐ฅ๐š๐ข๐ณ๐š ๐™๐ž๐ง๐ž๐ข๐๐š ๐Ž๐œ๐š๐ง๐๐จ ๐†๐จฬ๐ฆ๐ž๐ณ. Fue un obsequio del cielo para sus padres y tambiรฉn para sus hermanos Ena Luz, Juan de Dios, Saulo y Jesรบs.

Y fue tambiรฉn un regalo para esa ciudad que lo vio llegar al mundo envuelta en aromas de salitre y amaneceres de esperanza. Riohacha lo recibiรณ con su cielo azul intenso, un azul profundo que reflejaba la vastedad del ocรฉano, con sus calles angostas del centro donde la historia serpentea entre esquinas de adobe, sardineles hospitalarios y faroles que parpadeaban como los ojos de un visitante cuando contempla el crepรบsculo de La Guajira.ย 

Cada noche, ese pedazo de mundo donde naciรณ Jairo se encendรญa con estrellas mรณviles โ€”las luciรฉrnagasโ€” que danzaban sobre la nocturnidad como si fueran parte de un carnaval secreto.

La brisa marina, siempre madrugadora, le trajo el susurro del mar en sus primeros sueรฑos, y las olas fueron su primera canciรณn de cuna. En las tardes, el viento hacรญa hablar a las palmeras, que se mecรญan al ritmo de los recuerdos y de los barcos que llegaban al puerto con sus sirenas lejanas, como trompetas anunciadoras del porvenir.ย 

Al crecer y hacerse un hombre hecho y derecho, sus oรญdos se llenaron del bullicio alegre de la cancha de la Universidad, de la algarabรญa de los vendedores callejeros, del pregรณn de la propaganda electoral que rugรญa entre risas y aplausos, del acordeรณn que se desgranaba en cada esquina y del crepitar del fogรณn donde las abuelas cocinaban el almuerzo como quien reza una plegaria a la virgen de los Remedios.ย 

๐„๐ฅ ๐š๐ข๐ซ๐ž ๐๐ž ๐‘๐ข๐จ๐ก๐š๐œ๐ก๐š ๐ฅ๐ž ๐ž๐ง๐ฌ๐ž๐งฬƒ๐จฬ ๐š ๐š๐ฆ๐š๐ซ ๐œ๐จ๐ง ๐ž๐ฅ ๐จ๐ฅ๐Ÿ๐š๐ญ๐จ: ๐ž๐ซ๐š ๐ฎ๐ง ๐š๐ข๐ซ๐ž ๐ฉ๐ž๐ซ๐Ÿ๐ฎ๐ฆ๐š๐๐จ ๐๐ž ๐ฆ๐š๐ซ, ๐๐ž ๐ฌ๐ฎ๐๐จ๐ซ ๐ก๐จ๐ง๐ž๐ฌ๐ญ๐จ ๐๐ž๐ฅ ๐ฉ๐ฎ๐ž๐›๐ฅ๐จ ๐ฅ๐š๐›๐จ๐ซ๐ข๐จ๐ฌ๐จ, ๐๐ž ๐ญ๐ข๐ง๐ญ๐š ๐Ÿ๐ซ๐ž๐ฌ๐œ๐š ๐ช๐ฎ๐ž ๐š๐ฎฬ๐ง ๐ฌ๐ž ๐๐ž๐ซ๐ซ๐š๐ฆ๐š๐›๐š ๐ž๐ง ๐ž๐ฅ ๐œ๐ฎ๐š๐๐ž๐ซ๐ง๐จ ๐ฎ๐ง๐ข๐ฏ๐ž๐ซ๐ฌ๐ข๐ญ๐š๐ซ๐ข๐จ ๐ฒ ๐๐ž๐ฅ ๐š๐ซ๐จ๐ฆ๐š ๐ข๐ง๐œ๐จ๐ง๐Ÿ๐ฎ๐ง๐๐ข๐›๐ฅ๐ž ๐๐ž๐ฅ ๐ฆ๐š๐ซ๐ขฬ๐š ๐Ÿ๐š๐ซ๐ข๐ง๐š ๐ช๐ฎ๐ž ๐ž๐ง ๐ž๐ฌ๐ž ๐ญ๐ข๐ž๐ฆ๐ฉ๐จ ๐ž๐ซ๐š ๐ฅ๐š ๐Ÿ๐ซ๐š๐ ๐š๐ง๐œ๐ข๐š ๐๐ž ๐ฅ๐š๐ฌ ๐ฉ๐ž๐ซ๐ฌ๐จ๐ง๐š๐ฌ ๐ž๐ฅ๐ž๐ ๐š๐ง๐ญ๐ž.ย 

Su paladar conociรณ temprano sabores que nunca olvidarรญa: la chicha de maรญz que aliviaba la sed en las calles polvorientas, el cafรฉ reciรฉn bajado del anafe que endulzaba las madrugadas, la carne asada al carbรณn que sabรญa a domingo, a familia, a abrazo.

Y en sus manos โ€”esas que mรกs tarde escribirรญan, enseรฑarรญan, convencerรญanโ€” quedรณ para siempre la textura del terruรฑo: la piel rugosa de los cocoteros, la madera firme del muelle y de los cayucos que lo vieron correr con sus hermanos, y la calidez de los hombros amigos sobre los que solรญa poner su mano solidaria, como quien siembra confianza.

Riohacha fue el sitio donde naciรณ Jairo Aguilar Ocando. Y tambiรฉn su paisaje interior, su raรญz sonora, su mapa sensorial. Fue la escuela invisible donde aprendiรณ que un hombre que conoce su tierra puede, con ella en el pecho, abrir horizontes despejados para todos.

Y comenzรณ a crecer. Mientras el almanaque se deshojaba, la historia de Colombia y La Guajira sufrรญa cambios drรกsticos.ย 

Jairo estaba acurrucado en los brazos de mamรก cuando Bogotรก ardiรณ y Colombia se estremeciรณ. ย 

En los radios de onda corta que llegaban a La Guajira se repetรญa un nombre: Gaitรกn. Esos disparos en la Sรฉptima cambiaron para siempre el curso de un paรญs y sembraron en la infancia de Aguilar Ocando y sus contemporรกneos un clima de tensiรณn que, aunque distante, llegaba con el polvo de las mulas, los rumores de la guerra y el miedo de las madres colombianas que sabรญan que, tarde o temprano, la violencia bajarรญa del altiplano y se meterรญa por las rendijas del desierto.

Once aรฑos despuรฉs del magnicidio, cuando La Guajira dejรณ de ser una extensiรณn del Magdalena y se reconociรณ como departamento, Jairo ya era un joven inquieto, con vocaciรณn de servicio. Que La Guajira llegara se convirtiera en โ€œmayor de edadโ€ fue, para รฉl, como si le hubiesen entregado una cรฉdula a su tierra natal.ย 

Desde entonces comenzรณ a soรฑar con un territorio dueรฑo de su destino, y se preguntaba โ€”quizรก sin saberlo aรบnโ€” cรณmo serรญa posible formar profesionales, construir instituciones, forjar lรญderes propios.

Mรกs adelante, ese sueรฑo empezรณ a tomar forma: naciรณ la Universidad de La Guajira. Jairo fue testigo y arquitecto. Su nombre se ligรณ para siempre con la consolidaciรณn de una universidad pensada desde el territorio, para el territorio.ย 

Muchos lo recuerdan en las aulas, en los corredores polvorientos de aquel campus primitivo, defendiendo con la misma fuerza la autonomรญa universitaria y la necesidad de formar nativos, campesinos y pescadores como nuevos lรญderes del siglo XXI.

Por esa misma รฉpoca se escuchaban los primeros estruendos de dinamita en las entraรฑas del suelo guajiro, Jairo Aguilar entendรญa que la โ€œbonanzaโ€ traรญa una promesa muchos peligros.ย 

Desde la academia y luego desde la polรญtica, se propuso hacer del carbรณn un puente hacia la equidad y no una grieta de desigualdad. Sabรญa que esa mina podรญa pagar escuelas, pero tambiรฉn destruir pueblos. De ahรญ que sus discursos se llenaran de referencias a la justicia territorial y la dignidad del pueblo wayuu.

Para bien de La Guajira el gobernador del departamento tuvo el acierto de nombrarlo rector de la Universidad. ย Jairo comenzรณ a dimensionar el claustro como el principal centro de la inteligencia, la sabidurรญa y el conocimiento.ย 

Tuvo el buen tino de imaginarse una universidad de grandes dimensiones, centro de referencia de educaciรณn en el Caribe. Por esa razรณn imaginรณ unas instalaciones grandes, como si fuera una pequeรฑa ciudad. ย 

Hizo realidad la idea de comprar el lote en donde serรญa construida la nueva sede universitaria, lo que algunos consideraron en la รฉpoca como una locura, tanto por las dimensiones del terreno como por su ubicaciรณn bastante alejada del centro de la ciudad. ย 

No tuvo mucho tiempo para hacer mucho mรกs porque mediante decreto nรบmero 2603 del 16 de agosto de 1986, firmado por el presidente Virgilio Barco Vargas fue nombrado Gobernador del departamento, cargo que desempeรฑรณ por un corto tiempo debido a que el clamor ciudadano le pidiรณ, casi le exigiรณ, que renunciara y evitara de esa manera una inhabilidad que le impidiera presentarse como candidato en la primera elecciรณn popular de alcaldes que tendrรญa lugar en el paรญs.ย 

Jairo fue obediente. En esa embrionaria etapa en que la democracia local se disponรญa a ungir los primeros alcaldes populares ya tenรญa voz, presencia y experiencia. Fue uno de los primeros en comprender que la descentralizaciรณn no bastaba si no venรญa acompaรฑada de รฉtica y compromiso.ย 

En tiempos donde el clientelismo se disfrazaba de progreso, รฉl intentรณ formar cuadros con visiรณn, tรฉcnicos con alma, polรญticos con memoria. Su paso por la Gobernaciรณn no fue el del caudillo, sino el del maestro. Y su paso por la rectorรญa, el de quien siembra en las aulas lo que otros cosechan en la historia. ย ย 

El pueblo riohachero no le fallรณ y de esta manera el profe, rector y gobernador pasaba ahora a convertirse en el gobernante de la ciudad del Almirante Padilla.ย 

Jairo Aguilar Ocando solรญa rodearse de libros, pero tambiรฉn de personas. En el aula universitaria, en la oficina pรบblica, en la plaza del barrio o en el pasillo de cualquier instituciรณn, su presencia abrรญa espacio para la conversaciรณn y el aprendizaje.ย 

Acompaรฑado siempre de una sonrisa y de la certeza de que la educaciรณn puede moldear territorios, dejรณ huella en varias generaciones de guajiros.

En la Universidad donde se graduรณ como economista, ya mostraba seรฑales de un carรกcter firme y una รฉtica irrompible. Con el tiempo, la especializaciรณn en Derecho Pรบblico Econรณmico y su participaciรณn en seminarios de administraciรณn pรบblica consolidaron una visiรณn clara sobre cรณmo gestionar lo comรบn con sentido de futuro.ย 

Y no se detuvo ahรญ: la Universidad de La Guajira, su casa acadรฉmica, le otorgรณ en 2024 el tรญtulo de magรญster en Administraciรณn de Empresas honoris causa, reconociendo su legado tangible en la formaciรณn superior.

La docencia lo llevรณ tambiรฉn a las aulas de la Universidad Autรณnoma del Caribe y de la Universidad de Medellรญn. Allรญ cultivรณ mentes, pero tambiรฉn corazones.ย 

Era un hombre de palabra amable, que preferรญa construir antes que seรฑalar. Escuchaba con atenciรณn y enseรฑaba con ejemplos. En La Guajira, donde enseรฑรณ mรกs que fรณrmulas econรณmicas, lo recuerdan por su manera de mirar a los ojos.

Fue rector de Uniguajira entre 1984 y 1986. En esos aรฑos, la universidad parecรญa un suspiro que aspiraba a convertirse en voz firme. Aguilar Ocando le dio impulso: fortaleciรณ la investigaciรณn, promoviรณ la extensiรณn social.ย 

Ya como consejero en representaciรณn de los exrectores defendiรณ con vehemencia la acreditaciรณn institucional. Fue un tejedor de futuro. Se apropiรณ de su compromiso y lo profundizรณ, dejando lรญneas trazadas para las nuevas generaciones.

Fuera del mundo universitario, habรญa dejado una marca profunda en lo pรบblico. Como director del Instituto de Seguro Social, trabajรณ por fortalecer la red de seguridad que ampara a los mรกs vulnerables. En la Caja Agraria Seccional Atlรกntico asesorรณ procesos econรณmicos con mirada agrรญcola y humana.ย 

Como secretario general del Departamento de La Guajira, entendiรณ que gobernar es administrar recursos, y tambiรฉn acompaรฑar sueรฑos colectivos.

El servicio lo entendรญa como una forma de gratitud. Por eso defendiรณ los derechos humanos con convicciรณn, especialmente los de quienes rara vez tienen voz. Promoviรณ polรญticas ambientales en defensa de la tierra guajira, sabiendo que el agua, el aire y los รกrboles tambiรฉn tienen derechos que merecen atenciรณn.

Su vida familiar era el refugio donde reposaba el servidor pรบblico. Junto a Martha Deluque compartiรณ alegrรญas y desafรญos, construyendo un hogar de afecto y respeto. Con sus hijos โ€”Elaiza Zeneida, Natalia Soledad, Alejandra Lรญa, Martha Leonor, Elis Adalceinda y Jairo Alfonsoโ€” cultivรณ el diรกlogo, la cercanรญa y el ejemplo. Hoy, el nombre de Jairo Aguilar Deluque, actual gobernador de La Guajira, lleva tambiรฉn la savia de aquel padre que lo formรณ con palabras firmes y silencios elocuentes.

Quienes lo conocieron destacan su habilidad para conversar con cualquiera. No importaba si se trataba de un acadรฉmico, un campesino o un estudiante indeciso: sabรญa hablar en todos los idiomas del respeto. Era comรบn verlo rodeado de jรณvenes, contando anรฉcdotas de la vida polรญtica o explicando con claridad los laberintos del desarrollo regional. Lo buscaban por sabio y se quedaban por humano.

Las instituciones lo reconocieron en vida con premios a su trayectoria polรญtica y social. Sus coterrรกneos le dieron el tributo mรกs hondo: el cariรฑo persistente. Y tras su partida, llegaron los homenajes pรณstumos: eventos, placas, palabras, silencios.ย 

En la Universidad de La Guajira, su nombre sigue sonando en los pasillos, como eco de la nostalgia, y como una brรบjula que orienta.

Para Jairo Aguilar Ocando, el poder no era un privilegio, sino una responsabilidad que se desempeรฑaba con humildad. Por eso trabajรณ con honestidad, hablรณ con claridad y caminรณ con firmeza. Lo recuerdan como un hombre รญntegro, cercano, lleno de convicciones nobles.

Hay vidas que no terminan con la muerte. Siguen caminando en la voz de quienes las evocan, en los ideales que sembraron, en las causas que defendieron sin dobleces. Lo seguiremos invocando. Lo seguiremos nombrando, como se nombra a un faro cuando hay niebla. Como se nombra al agua cuando hay sed.

Hoy lo recuerdo bajo la sombra de los รกrboles como ese mediodรญa en que se me acercรณ allรก en la sede vieja, con esa paz que solo pueden tener los que saben que su misiรณn es mรกs grande que el reconocimiento y la fama. ย 

Esa misma paz que sigue entre nosotros, como las raรญces profundas que sostienen lo que parece efรญmero. Su nombre estarรก entre nosotros y lo nombraremos como se nombra al rรญo que da vida, al viento que acaricia la piel. Lo nombramos porque lo que dejรณ crece todos los dรญas como una huella invisible pero siempre presente.

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