Hermosa Mujer Guajira

Por Álvaro Julio Martínez

Hay encuentros que no necesitan nombres para ser inolvidables. Hay miradas que, sin promesa ni destino, se convierten en brújula de los sueños. Este poema nació en la frontera entre países, pero también entre lo real y lo simbólico. Fue escrito en tránsito, en un autobús que cruzaba la Guajira colombiana, mientras el sol tejía presagios en las ramas, y el viento acariciaba la piel del mundo.

En ese viaje de mayo de 2022, entre ciudades y silencios, apareció ella: una mujer guajira, alta, serena, de belleza que no se explica sino que se contempla. Madre e hija subieron al autobús de Brasilia en Riohacha, y aunque no hubo tiempo para nombres, sí lo hubo para el asombro. Su presencia transformó el paisaje, y su recuerdo se convirtió en faro, en brisa, en verso.

Este poema es un homenaje a esa mujer sin nombre que sigue habitando mis sueños. Es también un tributo a la Guajira, a su luz, a su misterio, y a la capacidad que tiene un instante, de convertirse en eterno. A ella, a la musa inesperada que recordó que la soledad de mayo también es primavera, le dedico estas palabras. Con la esperanza, intacta y luminosa, de que algún día vuelva a leerlas, en sus ojos.

Hermosa Mujer guajira

Hermosa mujer guajira,

tu recuerdo irrumpe la soledad,

cual ave andante, desafiante y turbadora.

Tu recuerdo es un faro en la oscura noche,

iluminando el sendero de aquellos que se atreven a soñar.

 En tus ojos se reflejan las estrellas,

y en tu sonrisa se encuentra,

 la melodía de los vientos que acarician las montañas.

 Cada paso tuyo es una danza que embelesa los corazones,

 cada palabra tuya es un verso que transforma el mundo.

En la amplitud de la vida,

eres el oasis que sacia la sed del amor y la esperanza,

a ti mujer guajira, dedico estos versos.

 Tú, que en el recuerdo eres dueña de instantes eternos,

Tú, que recordaste que la soledad de mayo también es primavera,

Tú, que eres la brisa suave que acaricia el alma en los momentos de penumbra.

A ti, musa de mis sueños y guardiana de mis desvelos,

te entrego estas palabras que nacen del corazón.

Porque en cada latido y en cada suspiro, estás presente

iluminando mi camino con tu esencia.

Eres la flor que brota en mi jardín secreto,

 la que con su fragancia embriaga mis sentidos.

Eres la estrella que guía mis noches,

 la que con su prestancia disipa las sombras.

A ti, hermosa mujer guajira,

cuya sonrisa rivaliza con la belleza del amanecer,

 te dedico mis versos,

con la esperanza de que encuentres en ellos un reflejo de mis sueños,

porque en cada palabra, en cada sentimiento,

está grabada tu huella, inalterable y eterna.

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